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sábado, 12 de marzo de 2011

A TRES SEMANAS DE THE RADIO DEPT.

A TRES SEMANAS DE THE RADIO DEPT.

El recordar que hace tres semanas estaba en la Ciudad de México, deambulando por las calles de la Condesa, antes de tomar el metro para ir al Lunario del Auditorio, donde vería a THE RADIO DEPT., inevitablemente me hace sentir nostálgico.

RADIOHEAD, COMO SI FUERA LA PRIMERA VEZ (TERCERA PARTE)

RADIOHEAD, COMO SI FUERA LA PRIMERA VEZ (TERCERA PARTE)


Lunes 16 de Marzo de 2009 - PRIMERA PARTE.

A unas cuantas horas de iniciar el concierto de Radiohead, Miriam, Abraham y yo habíamos decidido reunirnos en Coyoacán para comer, y después partir juntos al Foro Sol; era la primera vez que estaba en Coyoacán, tenía unas grandes expectativas de conocer aquel lugar, mis amigos me habían hablado mucho de él, pero al llegar ahí no me pareció nada del otro mundo, quizás fue que no tuve el tiempo suficiente para recorrerlo, para empaparme de su historia y de su supuesto encanto, o quizás fue el hecho de que me pareció un lugar caótico –en mi opinión, más atestado de gente que cualquier otra parte de la ciudad de México–, lleno de vendedores ambulantes, con calles estrechas y asfixiantes; en resumen, Coyoacán no fue de mi agrado en mi primera visita, pero tampoco me molestó estar ahí, porque, después de todo, me sentía sumamente emocionado de estar junto a dos de mis más queridos amigos.

A pesar de que el sábado ya había visto a Miriam, me dio mucho gusto volver a verla, la abrace con mucho cariño –y cómo no hacerlo, si desde que se mudó al D.F., cuando mucho la veo unas cinco veces al año, así que trato de no desperdiciar la oportunidad de estar con ella–, después del abrazo, algo en la vestimenta de Miriam llamó mi atención: su playera negra con la conocida cabeza del oso del Kid A, muestra de que una noche antes había asistido al primer concierto de la agrupación inglesa que pronto habríamos de disfrutar todos. Cabe resaltar que la “condenada” se había dado el lujito de conseguir boletos para las dos fechas, algo que por un lado he de reconocer me daba envidia por obvias razones, y por otro mucha alegría, pues los tres iríamos juntos al mismo concierto, lo cual para mí –y luego confirmaría que para Miriam y Abraham también– representaba algo muy importante, pues ese recuerdo siempre estaría ligado a ellos, dos de mis mejores amigos, dos de las personas por las que y con las que mi admiración por Radiohead y mi amor por la buena música se había desarrollado en gran medida.

Caminamos unos cuantos minutos por la plaza principal de Coyoacán, y ya extenuados por el calor que hacía aquel día, decidimos comer en un típico restaurante de la zona; era una especie de cantina o taberna, donde la comida no era mala pero tampoco resultaba de maravilla. Mientras nos servían los alimentos comenzamos a platicar; Miriam y Abraham se conocía desde la secundaria, habían estado juntos en el Colegio la Luz, institución que para ambos representa un cúmulo de buenos recuerdos y a la vez de sin sabores y pesadillas que, finalmente, para bien o para mal habían sido determinantes en la construcción de sus personalidades; lo cierto es que gracias al Colegio la Luz, Miriam y Abraham habían conocido a José Juan, y gracias a JJ yo los había conocido a ellos.

Hablamos de tantas cosas que la verdad ya no recuerdo todos los temas, pero al final la conversación se centró en la ausencia de José Juan, que era el eslabón y la secuencia faltante a un esquema formado por Miriam, Abraham y yo; Abraham y Mimiraim se mostraron molestos por la ausencia de JJ aquel día, pero a mí su actitud ya no me sorprendía ni me molestaba, hacia algún tiempo había decidido no volverme a enojarme con él, había comprendido que para mi su amistad era primordial, tanto que podía ser capaz de aguantar su carácter y su forma de ser, de la misma manera que él toleraba la mía, por lo que si de pronto estaba experimentado o viviendo cosas más relevantes que estar aquel día con los amigos con los que tiempo atrás había planeado tantas tardes ver a Radiohead, con los que había cantado tantas veces esas canciones oscuras pero igualmente brillantes, entonces yo no me entristecería ni mucho menos me enojaría por el hecho de que había elegido estar con otras personas en lugar de con nosotros, en verdad esperaba que lo que estuviera haciendo valiera muchísimo la pena, pues de otra forma sería él quien saldría perdiendo, sería él quien no vería la sonrisa de Miriam antes de entrar al concierto, sería él quien no sabría como lucieron los ojos de Abraham tras escuchar Karma Police, quien no escucharía mis comentarios llenos de sentimientos encontrados luego de escuchar Creep, era él quien no estaría ahí al finalizar el concierto, y quien esa noche no cerraría una etapa de su vida con algunos de los mejores amigos de toda su vida.


Lunes 16 de Marzo de 2009 - SEGUNDA PARTE.

La temperatura había comenzado a descender abruptamente, el cielo se mostraba gris y encapotado, y un viento helado comenzaba a rondar por el lugar; Abraham y yo esperábamos expectantes a que iniciara el concierto, Miriam hacía lo mismo pero en una zona distinta del Foro Sol, resultó que su boleto no era igual al nuestro, y al final no estaríamos juntos viendo el concierto, pero de una u otra forma compartiríamos aquel momento.

Frente a nosotros se mostraba el imponente escenario, del cual, en cada uno de sus costados, pendían enormes cilindros blancos que en ese momento me parecieron gigantescos vendajes, que bailaban al compás de un viento que no dejaba de soplar; después de un rato la lluvia menguó hasta que paró del todo, el cielo gris se tornó en negro con algunas pinceladas de azul rey; mientras, tres chicas y un chico se colocaban como podían a mi izquierda, el escenario ensombreció por completo y cuatro figuras empezaron a ingresar en él, indicio de que la presentación de KRAFTWERK estaba por comenzar.

Sentí el peso de la mirada de la chica postrada junto a mi, la misma que apenas hacía unos segundos había llegado de mi lado izquierdo, no pude resistir y volteé mi rostro hacia ella: era delgada, algo baja de estatura, de una cabellera larga, lacia y color castaño claro, con un rostro de facciones exquisitas enmarcadas sobre una piel muy blanca; sus ojos pequeños me miraron con cierto encanto y sus labios delgados me brindaron una sonrisa, detalles que quizás siendo otras mis preferencias me habrían incitado a iniciar el coqueteó previo al flirteo; devolví cortésmente la sonrisa, que fue la señal de confianza que le dio a la chica valor para preguntarme de manera pausada y con dificultad, en un español gracioso que me recordó al DJ del Black Horse, lo siguiente:

–Hola, me puedes decir quiénes son– yo respondí –KRAFTWERK–
En verdad, oh, yo tenía muchas ganas de verlos– sin duda la chica era extranjera.

Sus compañeros comenzaron a fumar y el escandaloso olor que desprendió el cigarrillo delató la presencia de la marihuana, mientras, las enormes pantallas proyectaban el multimedia del primer track del setlist, THE MAN MACHINE; "el sonido era alucinante, machine, machine, machine, rojo, negro, rojo, y sobre él la letras M A C H I N E, una y otra vez"; –¿quieres?– era nuevamente la chica extrajera, otra vez me sonreía, pero ahora su blanca y delgadita mano me mostraba el porro recién aspirado, y yo pensé “por qué no”; le dije que sí, lo tome en mis manos y lo lleve a mis labios, aspire y me impregne de él, un aratito después solté el humo y le devolví el cigarrillo, la operación se repetió varias ocasiones más durante la presentación del los alemanes.

El porro, las luces y el sonido, la agradable compañía y el clima frío que, quizás por efecto de la marihuana o quizás por la cercanía de los cuerpos, poco a poco era menos perceptible, pronto me transportaron a un nivel de relajación total, mis sentidos estaban por completo despejados, yo disfrutaba intensamente el concierto.


KRAFTWERK nos cumplió a cabalidad como los grandes, interpretó todos sus temas más conocidos: NUMBERS, TOUR DE FRANCE, DAS MODEL, etc. A pesar de la intensidad de su presentación, concluyeron el concierto cual robots, de manera automática y sin aspavientos, después dieron las gracias de manera sencilla y abandonaron el escenario sin más ni más.

Tan pronto terminaron, busqué a Abraham –al cual había olvidado un poco por la presentación de KRAFTWERK y otro poco por el porro, aunque creo que él también se había olvidado de mi–, le toqué el hombro, él me volteó a ver, y no sé que notó en mí, pero me preguntó: –¿Qué onda man?– luego se rió y yo sólo le dije –nada, solamente me siento muy feliz–.

jueves, 26 de agosto de 2010

RADIOHEAD, COMO SI FUERA LA PRIMERA VEZ. (PRIMERA PARTE)

RADIOHEAD,
COMO SI FUERA LA PRIMERA VEZ.
UNA CRÓNICA PENDIENTE SOBRE AQUEL CONCIERTO.



Lunes 16 de marzo de 2009.

Ahí estaba yo, abordando un avión bajo un cielo aún en penumbras, despidiéndome sin ánimo de hacerlo nuevamente de la misma ciudad; para mi fortuna, el avión tardó lo suficiente en despegar para ver otra vez un vaporoso amanecer en aquella nada sutil Ciudad de México; cuando finalmente despegó, y los primeros rayos solares atravesaron la ventanilla, todo el cansancio de lo vivido el fin de semana se hizo presente; mis parpados se tornaron pesados, inútilmente luchaba por mantenerme despierto, y cuando entendí que nada podía hacer por evitar el sueño, me coloqué los lentes oscuros y me permití dormir, y el letargo trajo consigo la sensaciones del fin de semana, y en entre ensueño y conciencia lo volví a vivir todo como si fuera la primera vez.

Viernes 13 de marzo de 2009.

No recuerdo el tiempo exacto que mi amigo Abraham tenía viviendo en la Ciudad de México, pero para mí era demasiado; al bajar del avión, él ya me esperaba en la moderna terminal dos del Aeropuerto Internación Benito Juárez; abordamos un taxi que recorrió calles oscuras y serpenteantes, laberínticas y caóticas, mientras nos poníamos al corriente de noticias; aquel fin de semana representaba para mi un escape, una forma de dejar atrás la tristeza, el inició de año me estaba resultando difícil, por aquel momento experimentaba situaciones verdaderamente difíciles en el campo laboral; enero y febrero habían sido depresivos, oscuros e hirientes, todo apuntaba a que sería un mal año, pero me había propuesto olvidar todo, borrar de mi rostro cualquier dejo de tristeza y aniquilar cualquier preocupación.

El viernes comenzó oficialmente en la Condesa, con una cena en un pequeño bistró de los tantos que abundan en la zona, concluida ésta, Abraham y yo recorrimos la colonia, nos perdimos entre la multitud, nos bañamos con el ruido y los aromas que inundaban el ambiente; tras varias cuadras recorridas, optamos por ir al Black Horse, un pequeño bar en el que permanecimos hasta que nos encontró la madrugada. Yo tomé vodka, él prefirió el whisky, pero fue la música y la gente la que nos embriagó; pese al sofocante calor que se experimentaba en el sitio, el bar me gustó mucho, aún y cuando según Abraham sus mejores tiempos ya habían pasado, pero, qué lugar puede ser fresco y novedoso en una ciudad donde cada día surge algo nuevo y pretencioso.

Como es costumbre, Abraham y yo hablamos de un sinfín de temas, y aunque en ocasiones, al ir y venir de los diálogos, a veces coincidimos en opiniones, generalmente diferimos en nuestros puntos de vista, lo que nos lleva a protagonizar encarnizadas luchas por defender nuestras perspectivas, pero al final guardamos silencio, cambiamos de tema y volvemos a ser amigos. En algún punto de la noche recordamos a José Juan y a Miriam, y hablamos de ellos, recordamos la manera en que los cuatro nos habíamos conocido, remembramos aquel plan trazado en el pasado y cuya realización, que había dejado de ser incierta hacía muchos meses atrás, estaba a punto de ejecutarse: los cuatro iríamos juntos a ver nuestro primer concierto de RADIOHEAD; mientras recordábamos eso, “Obstacle 1” de Interpol comenzó a sonar a petición mía pues minutos antes le había solicitado al DJ que pusiera algo de ellos, cosa que no creí posible, ya que la encantadora respuesta de ese chico rubio con mejillas tostadas por el sol, fue: “…esta noche no es posible, ‘tenes’ que ser feliz con lo que te doy, todos discos estar desordenados…”, palabras estas recitadas en un español que lo delataban como extranjero y acompañadas por una vaga mirada de entre apenado y “pasado”, sin embargo, terminó poniendo la rola para mi beneplácito y satisfacción, ganándose con ello mi simpatía.

Abandonamos el Black Horse muy tarde, ya casi nada estaba abierto, pero de camino al departamento de Abraham hicimos una última parada en un diminuto bar, bastante “mono”, donde ambos nos conformamos con el último par de cervezas; ya había muy poca gente en el lugar, salvo una parejita que derrochaban cariño y un grupo bastante peculiar acomodado frente a la mesa que mi amigo y yo ocupamos; extrañamente algo del grupo en comento llamó mi atención, de principio no lo supe entender, no fue el hecho de que festejaran el cumpleaños de uno de ellos, que fueran cinco tipos y una chava, ni que todos (salvo la chica) fueran gays, no, lo que me cautivó de aquel grupo de amigos fue la manera en que compartían y denotaban su cariño, sin inhibiciones, sin malas intenciones, sólo abrazos, alguno que otro beso en la frente o la mejilla, miradas de complicidad y palabras prorrumpidas tiernamente, como si fueran hermanos, como si fueran de la misma familia, una familia.

Bastante tomados, Abraham y yo dejamos el bar con la plena necesidad de llegar a nuestras camas; caminamos por las oscuras y ahora silenciosas calles de la Condesa hasta llegar al departamento, donde una vez postrados en las camas cerramos los ojos para acortar el tiempo que nos separaba del tan anhelado lunes dieciséis de marzo.

Sábado 14 de marzo de 2009.

Tan pronto terminé la llamada y le informé a Abraham que JJ nos dejaba nuevamente plantados, caminamos apresuradamente a la entrada del Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México, estábamos ahí para ver la exposición titulada “Zares, Maravillas de la Rusia Imperial”, la cual comprendía una serie de objetos pertenecientes a la colección del Museo del Emitage, de San Petesburgo.

Mientras que para la mayoría de los visitantes, recorrer la exposición a lo mucho les tomaba dos horas, a Abraham y a mí nos llevó cuatro, ni él ni yo estábamos dispuestos a deambular por las salas de la muestra contemplando sólo los objetos, nuestra intención desde el momento en que ingresamos al lugar fue apreciar cada pieza y cada crónica ahí exhibidas, aprender y comprender lo más posible la historia de un imperio, que a distancia, parece más glorioso de lo que en verdad fue.

Luego de abandonar la exposición, decidimos comer en algún restaurante de Polanco antes de reunirnos con Miriam, a quien veríamos mas tarde en la entrada del Museo de Antropología; a la hora convenida, Abraham y yo aguardamos la llegada de nuestra amiga en una de las tantas bancas situadas en la explanada del museo; como es ya clásico en ella, Miriam volvió a llegar tarde, pero la verdad, si acaso su demora llegó a molestarme, el tedio desapareció tan pronto nos abrazamos, nos dimos un beso y compartimos sonrisas; comenzamos a caminar por todo el Paseo de la Reforma mientras hablamos un poco de la exposición, y aunque duramos muchísimo tiempo paseando, a mi me pareció que se fue volando, la platica de los tres había acortado las distancias y el tiempo, de ahí que en un abrir y cerrar de ojos hubiéramos llegado al centro histórico de la ciudad; nuestra caminata nos condujo al Zócalo y de ahí a la Plaza de Santo Domingo, donde una “tocada” de ska estaba por concluir; caminamos nuevamente, y luego cruzamos frente al Centro Culturar España, donde se apreciaba un larga fila para ingresar a una fiesta que amenazaba no tener fin.

Volvimos a caminar mucho, a recorrer las calles del centro histórico, a cruzar el Zócalo y dejar a nuestras espaldas el Palacio Nacional; era ya muy tarde, Miriam se tenía que marchar, al día siguiente ella iría a ver Radiohead y nosotros la exposición de Lachapelle; la acompañamos a la estación más cercana del metro, nos abrazamos y nos despedimos de ella, prometimos vernos el lunes por la mañana para ir a comer los cuatro juntos: JJ, Abraham, Miriam y yo, y platicar y esperar el momento en que el concierto comenzara, pues así lo habíamos planeado cuando no éramos más que un montón de adolescentes.

martes, 6 de octubre de 2009

SETLIST DE DEPECHE MODE EN EL FORO SOL, MÉXICO, D.F. (03/10/09)

SETLIST DE DEPECHE MODE EN EL FORO SOL, MÉXICO, D.F. (03/10/09)

La verdad es que hasta el día de hoy sigo sin palabras para poder describir completamente la espectacularidad del concierto, sin embargo, hay tres frases que he usado desde el sábado para expresar las increíbles sensaciones vividas aquella noche:

“Sublime, simplemente sublime”

“Depeche Mode me dejó como Santa Teresa… en éxtasis”

“Fletcher me pareció un genio sumido en las sombras,
ver bailar y escuchar cantar a Gahan me provocó un sinfín de sentimientos (algunos no muy decentes),
pero fue el maestro Gore quien se robo mi corazón”

En fin, en un par de días espero estar posteando la crónica de este maravilloso concierto, pero por lo pronto les dejo el setlist por si aún no lo han visto, y aunque me habría encantado escuchar Dream On y Free Love, al final, dicho setlist me pareció tan sensacional, que no extrañé la ausencia de las mencionadas rolas:


SETLIST

In Chains
Wrong
Hole To Feed
Walking In My Shoes
It's No Good
A Question Of Time
Precious
Fly On The Windscreen
Jezebel
Home
Miles Away
Policy Of Truth
In Your Room
I Feel You
Enjoy The Silence
Never Let Me Down Again

--- Primer Encore ---

Somebody
Stripped
Behind The Wheel

--- Segundo Encore ---

Personal Jesus
Waiting For The Night



lunes, 28 de septiembre de 2009

YA CASI ESCUCHO A DEPECHE MODE...

Próximo sabado tres de octubre, Foro Sol, y yo estaré ahí...



viernes, 30 de noviembre de 2007

I PROMISE TO COMMIT NO ACTS OF VIOLENCE (PRIMERA PARTE)


I PROMISE TO COMMIT NO ACTS OF VIOLENCE
CRÓNICA DE UN FIN DE SEMANA EN LA CIUDAD DE MÉXICO PARA ASISTIR AL MANIFEST 2007

PRIMERA PARTE


Preámbulo.

Esta “historia” como toda historia debe tener un principio y un fin, el problema es que no he decidido cuales deben ser, probablemente debería comenzar a escribir y dejar que la letras simplemente fluyeran, pero la verdad no me es tan fácil hacerlo, he estado bloqueado últimamente, pero más que falta de inspiración es cansancio, un enorme cansancio, tanto mental como físico, además padezco un intenso aburrimiento debido a un enclaustramiento obligatorio del que aun soy victima, creo que estoy divagando, así que lo mejor que puedo hacer es iniciar por alguna parte, y como lo que pretendo narrar con este relato son mis experiencias del MANIFEST 2007, lo que puedo hacer en principio es contar mi llegada a la Ciudad de México; esta es la primera de las dos partes de que se compone esta crónica, donde cuento mis experiencias de aquel fantástico viaje para ver y escuchar a INTERPOL, y de paso saludar a una amiga, conocer la ciudad y fracturarme una rodilla.


CAPITULO UNO
EL ARRIBO DE UN FREAK

VIERNES 26 OCTUBRE


Planear este viaje me había llevado unas dos semanas, sin embargo, las expectativas por el mismo llevaban fraguándose en mi cabeza desde el mes de agosto en que compre mi boleto para el MANIFEST; veía en este viaje una revancha personal por no haber podido asistir a los conciertos de los Yeah Yeah Yeahs y Depeche Mode, y es que el ultimo semestre en la Universidad aunado a mi trabajo de tiempo completo en el Tribunal, me imposibilitaban viajar en la fecha en que quisiera, pero ahora todo parecía estar a mi favor, no sólo porque el MANIFEST sería un sábado, sino porque además había conseguido permiso para faltar al Tribunal aquel viernes 26 de octubre.

En principio pensé que esta aventura la llevaría acabo yo solo, sin embargo aquel fin de semana tendría la compañía de dos grandes amigos: Miriam y Abraham, a ambos los conocí cuando estaba estudiando la preparatoria gracias a un amigo en común, José Juan o Ian York como gusta que lo llamen; Abraham decidió apuntarse a mi plan de asistir al Manifest casi desde el principio, y aunque también le gusta INTERPOL y obviamente se sentía emocionado por el festival, creo que su principal motivación para hacer este viaje era deambular nuevamente por las calles de la Ciudad de México, conocer Santa Fe y saludar a Miriam, que desde hace ya varios meses (creo que ya casi un año), vivía en el Distrito Federal.

En verdad siento un gran respeto por Miriam, de la noche a la mañana decidió irse a vivir a la Ciudad de México, sin planearlo, en caliente como se dice vulgarmente, al principio me pareció una verdadera locura, pero ahora siento una gran admiración por ella, esta chica ha logrado muchos triunfos personales, el principal, adaptarse a esa desequilibrada ciudad, pero además también tiene un trabajo que la hace sentir feliz, ya que colabora con varios medios impresos importantes, como la revista “LA MOSCA”, publicación con la que nosotros habíamos crecido y donde ahora ella tiene la oportunidad de publicar.

Así que heme aquí, en la parte posterior de un taxi recorriendo la Avenida de los Insurgentes, con la timidez en el rostro y el deseo de conocer en los pies, al fin estaba en la Ciudad de México, al fin era un habitante más de aquella conglomerada metrópolis (o al menos por un fin de semana). He de reconocer que en principio la ciudad no me impacto, no me pareció nada fuera de lo común (craso error), pues ante mis ojos, Insurgentes no era mas que una avenida sucia con edificios amontonados y sombríos, atestada de sex shops y Sanborns, y es que no exagero al decir que a lo largo de la mentada avenida, casi en cada cuadra, es posible encontrar una tienda orientada al comercio de productos sexuales y un sanborns (bueno, a mi me lo pareció así).

Después de varios minutos de viaje, mi abstracción es interrumpida abruptamente por el sonido de mi celular, lo abro y encuentro un mensaje de Miriam preguntando si ya habíamos llegado a la ciudad, tras contestarle con un cordial saludo y una breve explicación de nuestro arribo, lo cierro para embelezarme con la primera mirada agradable que me muestra esta ciudad: Paseo de la Reforma, la imponente calzada de la emperatriz Carlota logra impactarme, los enormes árboles contrastando con los modernos edificios me resultan un agasajo a la vista. Suena nuevamente mi celular, es Miriam que nos invita a Abraham y a mí a desayunar, le respondo que aceptamos la invitación, la esperaremos en nuestro hotel como a eso de las diez y media de la mañana.

Luego de instalarnos en el hotel y tomar una pequeña ducha, Abraham y yo nos encontramos con Miriam, tan pronto terminaron los saludos obligatorios, salimos del hotel y comenzamos a caminar sin rumbo fijo, mientras conversábamos de un sin fin de cosas como en los viejos tiempos; tras un par de minutos descuide por completo la conversación, estaba emocionado viendo los edificios, las calzadas, la gente y sobretodo el metrobus, ja ja ja, me llamo mucho la atención aquel sistema de transporte urbano, más que por su eficiencia, por el hecho de que para los habitantes del resto de la republica, el mismo es una de las obras más polémicas del infame Andrés Manuel López Obrado, otrora Jefe de Gobierno del D.F. y excandidato a la Presidencia.

Seguimos caminado, pasamos frente al edificio de la Sala Superior del Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa y luego frente al inmueble de la PROFECO, en fin, caminamos varias cuadras hasta que ya sin ánimos de continuar, optamos por desayunar en un VIPS que nos quedaba justo delante a nuestras narices. Mientras ingeríamos un apetitosos desayuno continuamos conversando, primero sobre las experiencias de Miriam en aquella ciudad, sobre los conciertos a los que había ido en aquel tiempo, sobre su trabajo y su familia, y enseguida comenzamos a hablar de los chismes y noticias de Torreón (nuestra ciudad natal), de Ian, de la Universidad, del Manifest, etc, etc.

Al concluir el desayuno, con los ánimos renovados para emprender nuevamente la marcha, decidimos acompañar a Miriam al World Trade Center donde habría de realizar una entrevista para una revista en la que escribe; así que caminamos unas tres cuadras hasta que llegamos al Poliforum Siqueiros, el cual se encuentra justo a lado del WTC; parado en aquel sitio, de pronto recordé una vieja entrevista que había leído en una revista, donde Paul Banks afirmaba que en verdad le había encantado tocar en el World Trade Center de la Ciudad de México, no sólo porque el público de aquella noche fue uno de los mejores de su carrera, sino porque le agrado el encanto y la magia que emana de aquella imponente construcción.

Por supuesto Paul ha visto edificios aun más altos y modernos en Nueva York, y sin embargo le agradaba aquella edificación rectangular coronada por una pequeña torre circular, y no se, pero estar frente al WTC me produjo una extra sensación, un pequeño enamoramiento de aquel majestuoso inmueble donde INTERPOL había tocado por primera vez en nuestro país; aquél sitio que había temblado con la música de mi banda favorita, ahora aparecía ante mis ojos como un lugar sagrado, en un instante me sentí como un peregrino llegando a la Meca, rindiendo honores a su guía espiritual; entré por sus enormes puertas de cristal ahumado tratando de guardar en mi memoria cada detalle de él, tratando de impregnarme de su aroma que en otro tiempo rodeo a INTERPOL, guardando en mi cerebro los colores y las formas que en ahí se guardan.

Mis amigos y yo lo recorrimos un buen rato, hasta que Miriam nos abandono para ir realizar la entrevista, no sin antes fijar una hora y un lugar para vernos; ya con planes trazados para pasar el resto de la tarde y la noche, Abraham y yo salimos del WTC y decidimos conocer el Poliforum, para después volver a caminar a lo largo de la Avenida de los Insurgentes.


CAPITULO DOS
EXPLORANDO LA CIUDAD
VIERNES 26 DE OCTUBRE

Eran aproximadamente las cuatro de la tarde de aquel viernes 26 de octubre, Miriam, Abraham y yo habíamos decidido tomar el metrobus para llegar al Paseo de la Reforma, así que como cualquier otro capitalino, mis amigos y yo, aguardamos un par de minutos la arribada del vehiculo en una de las tantas estaciones de Insurgentes; abordar el metrobus es una tarea un poco complicada, tan pronto llega éste la gente que lo espera se abalanza a sus puertas y empuja a quien pueda para poder entrar; ya en el interior del vehiculo el problema de espacio es el siguiente que hay que solucionar, pues generalmente siempre está atestado de personas que se niegan a compartir unos cuantos centímetros de suelo donde puedas parte, finalmente el último inconveniente es la velocidad, ya que el metrobus se desplaza con una rapidez considerable no solamente por vías rectas, sino también por curvas sumamente pronunciadas y pasos a desnivel, por lo que en innumerables ocasiones los pasajeros deben sortear los bruscos movimientos para no caer, pero al final, el aglutinamiento de personas logra detenerte y evita que tengas un duro desencuentro con el suelo.

Luego de diez o quince minutos de viaje en el metrobus, arribamos a Paseo de la Reforma, donde inmediatamente iniciamos una nueva caminata desde la fuente dedicada a Louis Pasteur, mientras lo hacemos conversamos sobre un sinfín de temas, principalmente de música, pero a la par, nos damos tiempo de admirar la serie de edificios que hay a lo largo del paseo, aquellos pequeños palacios y torres de cristal y hierro parecen construidos únicamente para engrandecer aquella calzada; me pregunto qué pensaría la emperatriz Carlota si viera en lo que se ha convertido su avenida, obviamente quedaría impactada con aquellos edificios, pero creo que en resumidas cuentas no le gustaría del todo, supongo que le molestaría ver la enorme cantidad de autos que deambulan por él, pero sobretodo, le molestarían los asquerosos campamentos de los diversos manifestantes que ahí se han instalado.

En lo personal me gusto el Paseo de la Reforma, me pareció en verdad bello, pero ahora que lo conozco, no me atrevería decir que se parece a los Campos Elíseos de Paris como muchas personas lo hacen, y aunque sólo he visto en películas o fotografías aquel paseo francés, eso me basta para darme cuenta que entre ambos hay un millón de años luz de distancia. En alguna ocasión, como mexicano orgulloso de mi nación, le dije a una de mis maestras de francés que el Paseo de la Reforma era el equivalente a los Champs Elysees de Paris, situación que causo la risa de aquella vieja maestra de origen mexicano que había pasado casi toda su vida en Neuilly, uno de los suburbios más chic de Paris, y que por azares del destino regresaba a Torreón a dar clases, ella me dijo que si en toda Europa no había nada tan bello e imponente como los Champs Elysees, mucho menos en América lo habría, y que aunque el Paseo de la Reforma tiene su encanto propio, ciertamente no tiene la elegancia y el glamour de aquel.

Caminamos mucho, no se cuanto, pero en determinado momento habíamos abandonado Reforma y estábamos a punto de llegar al Palacio de las Bellas Artes, pero primero hicimos una pequeña parada frente al monumento a la patria, donde pudimos tomar unas cuantas fotos, unas de la escultura de Benito Juárez y otras tantas de nosotros fuera de las oficinas de Relaciones Exteriores.

Aunque en Paseo de la Reforma tuve oportunidad de ver varios campamentos de manifestantes, hasta el momento no había visto ninguna de las manifestaciones que enloquecen y caracterizan la vida en el Distrito Federal, pero cual sería mi sorpresa que al llegar justo a la explanada de Bellas Artes, mis amigos y yo nos topamos con la manifestación de los cuatrocientos pueblos, en la cual sus participantes danzan desnudos para defender sus derechos. Ciertamente en televisión ya había visto ese tipo de manifestaciones, donde las personas se exhiben casi o totalmente desprovistas de ropa, pero la verdad resulta inquietante verlos en vivo y a todo color.

Aquella tarde las mujeres eran las únicas desnudas por completo, sin ningún pudor o pena alguna, varias señoras gordas de tetas colgantes repartían folletos y solicitaban cooperación a todo aquel que se los permitía, mientras unos doscientos hombres (o más), cuyas edades fluctuaban en su mayoría entre los diecisiete a sesenta años aproximadamente, bailaban casi desnudos en una calle lateral junto al Palacio, pues únicamente portaban una fotografía a especie de taparrabos con la cara del infame Senador Dante Delgado, del cual exigían la devolución de varios predios ejidales. Si bien las fotos del Senador cubrían a la perfección los órganos sexuales de esos hombres, dejaban al descubierto los morenos traseros de los campesino, de los cuales ninguno era agradable a la vista, jajajajajaja, por lo que me pareció que más que una manifestación, era una mentada de madre a un recinto tan hermosos como Bellas Artes.

Después de tomar fotografías de los manifestantes y formar parte de aquel folklore, continuamos nuestro camino, pero ahora platicábamos principalmente de política: de la corrupción, de las elecciones, de los manifestantes, del Peje, del Felipe gobernando México, etc. Caminamos un poco, detrás había quedado el edificio del Banco de México y la Casas de los Azulejos, la cual alberga el primer Sanborns, para quedar delante de nosotros el Centro Histórico en su máxima expresión.

Recorrimos lentamente aquellas calles antes de llegar al Zócalo, pero una vez ahí, corrimos a él tan veloz como los carros nos lo permitieron. La también llamada Plaza de la Constitución no es tan imponente y magnánima como luce en la televisión, aunque es grande, tampoco es enorme ni nada fuera de lo común como siempre aparece en los noticieros, ciertamente luce bella flanqueada por la Catedral Metropolitana, el Edificio de Gobierno del Distrito Federal, la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el Palacio Presidencial, pero por si sola no es nada, ni con toda la historia y los momentos importantes que en ella se han vivido.

En el Zócalo nos topamos con otra manifestación, pero también vimos como hacían el cambio de guardia en la Presidencia, algo que no me agrado mucho, pues me recordó mis horribles días en el Servicio Militar; después caminamos por un lado del Palacio, justo por la calle que hace un par de semana estaba completamente invadida por los vendedores ambulantes, pero ahora lucia limpia y pacifica, la armonía del lugar era completada con el mágico sonido de una organillera que interpretaba una melodía que supuse era "Plenilunio", si he de ser sincero, no pude evitar quedar extasiado con ese chillante sonido, por lo que mientras Miriam compraba unos clásicos tacos de canasta, yo decidí cruzar la calle para dejar un par de monedas, a manera de agradecimiento, a la chica de uniforme caqui que sublimemente tocaba aquel instrumento.

Rodeamos el Palacio Presidencial mientras Miriam degustaba sus tacos, recorrimos la serie de locales y tienditas que hay en esa zona para finalmente salir por la calle de Pino Suárez, donde se encuentra la Suprema Corte, momento que aproveche para tomarme la foto obligada del recuerdo en el máximo tribunal del país. Ya un poco casados decidimos sentarnos en una jardinera, donde permanecimos tranquilos escuchado a otro organillero que interpretaba la Vikina, más con la aparición del aburrimiento y la molesta llegada de vendedores ambulantes, de los comúnmente son llamados “toreros”, preferimos abandonar el sitio.

Sin planes fijos, Miriam propuso ir a una función de Lucha Libre en la Arena México y Abraham planteó la idea de ir a cenar en algún restaurante de la Condesa, o Condechi como la llaman de manera peyorativa; la verdad el plan de Miriam no me atraía, y es que a pesar de que me agradaba la idea de conocer la legendaria “Arena México”, no quería pasar la noche de ese viernes haciendo algo que igualmente podía hacer en Torreón, por lo que opte apoyar el plan de mi amigo.

Aunque les externe mi intención de tomar un taxi, Miriam y Abraham me convencieron de tomar el metro, era innegable que no quería hacerlo, me daba un poco de temor, pero lograron persuadirme diciéndome que era una experiencia necesaria para sentirme como cualquier otro capitalino, así que decidí hacerles caso y abordardarlo. Como buenos ciudadanos hicimos fila para comprar los boletos, pero un tipo loco se metió de manera brusca en ella, por lo que Miriam comenzó a hacerle pleito, afortunadamente la situación no paso a mayores, pero mi amiga quedo muy ofuscada con la pelea.

El ambiente en el metro fue tal y como me lo imaginaba: deprimente y tenebroso, la gente camina rápido en un clima húmedo y de aires viciados por el calor, las paredes están sucias y los pisos amarillentos a pesar de haber empleados que los limpian; abordar el metro es el doble de difícil que tomar el metrobus, además huele mal y comienzas a sudar horrible, en verdad no me gusto, pero lo cierto es que en él llegas rápidamente a tu destino y de forma económica.

Tras circular un rato por la línea rosa del metro, acabamos por regresar al exterior, donde respirar el aire lleno de contaminación, me era más tranquilizante que continuar inhalando los hedores subterráneos. Salimos por una estación rodeada de puestos ambulantes, parecía una romería, todo lucia muy sucio y desprolijo, no entendía como la gente podía detenerse a comprar en aquellos puestesitos, sin embargo, a lo lejos el panorama era distinto, brillante y retadora se erguía frente a nuestros ojos la espléndida Torre Mayor, el edificio más alto de Latinoamérica, ahora si me quedaba claro el porque André Bretón y Carlos Fuentes denominaron a la Ciudad de México como el lugar más surrealista del mundo, pues la verdad, es difícil comprender como un mismo territorio puede albergar lugares tan pobres y desolados, cohabitando con zonas tan exclusivas y elegantes, con obras tan modernas como la Torre Mayor.

Dimos unos cuantos pasos y tomamos un típico taxi verde, acto que molesto un poco Abraham que prefería los rojos por ser más amplios y cómodos. Veinte minutos más tarde llegamos a la Condesa, ya era de noche y teníamos hambre, así que elegimos un restaurante de comida mexicana que nos quedaba cerca. La comida era buena y el ambiente agradable, había un tipo tocando el acordeón amenamente, al cual decidimos darle una propina porque una de la piezas que interpretó fue “Apolonia”, tema música de “El Padrino” que a los tres nos gustaba.

Antes de abandonar el local tuvimos otro altercado, ahora con el mesero quien nos cobraba más de lo que habíamos ingerido, por lo cual solicitamos que rectificara la cuenta, cuestión que aunque molesto al individuo tuvo que aceptar, sin embargo se portó bastante grosero y petulante, Miriam dijo que así era en esa ciudad, todo el mundo quiere sacar provecho, la mayoría son unos gandayas; ciertamente en la Ciudad de México hay mucha gente desagradable, probablemente sea por los problemas propios de una ciudad grande, pero a fin de cuentas personas funestas las encuentras en todo el mundo, en conclusión creo que la gente joven del Distrito Federal, la nuevas generaciones son muy agradables, educadas, simpáticas y alegres, muy distintas de la gente mayor que son groseras y malhumoradas (obviamente no todos), y esta hipótesis me quedaría patente al siguiente día durante el Manifest (pero de eso ya platicaré más adelante).

Abandonamos el restaurante, y como a lo largo de ese viernes otra vez comenzamos a caminar, no recuerdo cuanto pero fue mucho; ya un poco cansados optamos por ingresar al Centro Cultural España, donde nos pasamos las horas hojeando libros y conversando, así que el tiempo se nos fue en un suspiro y sin previo aviso nos llegó la media noche; a pesar de que aun no tenía ánimos de regresar al hotel, propuse irnos a tratar de conciliar el sueño, pues el día siguiente sería muy agitado, más esta propuesta quedo suspendida en el aire hasta que prácticamente nos corrieron del lugar, como a la una de la madrugada.

En el exterior, el aire era gélido pero sorpresivamente revitalizante, como un preámbulo de lo que habría de ocurrir dentro de unas cuantas horas en Santa Fe; caminamos un poco por aquellas oscuras calles de la Condesa, con frió y un poco de temor, hasta encontrar una tienda abierta donde compramos unas botellas de agua y hojeamos un par de revistas, una de la cuales nos llamó la atención por tener una foto de Miriam durante su asistencia al Festival Internacional de Cine Expresión en Corto, realizado en Guanajuato; tras salir de la tienda, al fin, decidimos tomar un taxi que estaba estacionado junto a un puesto de flores que nos quedaba enfrente.

Luego de indicarle nuestro destino, emprendimos el viaje hasta la Colonia del Valle, donde vive Miriam, al llegar nos despedimos de ella con un beso y una abrazo, prometiéndole verla al día siguiente en el Bar Covadonga, lugar donde habría de realizarse el After Party del Manifest, sin embargo, Dios me tenia preparados otros planes que ni me imaginaba para el día siguiente. Acto seeguido, Abraham y yo continuamos nuestra travesía en aquel taxi hasta nuestro hotel ubicado en Insurgentes. Con el pasar de los minutos, ooco a poco quedaba nuevamente embelezado con aquella bella ciudad, que ahora, en plena madrugada, me mostraba su mejor cara, una cara sonriente e iluminada en las tinieblas; cruzamos una vez más frente al World Trade Center, y mi corazón volvio a palpitar al imaginar a INTERPOL tocando en aquel sitio, creo que una sonrisa se dibujó en mis labios en ese instante; en unas horas más estaría en Sante Fe, finalmente el deseo que se había transformado en rumor, para convertirse en una versión oficial y que ahora era un hecho, estaba a punto de volverse una realidad: escuchar a los cuatro habitantes de Nueva York que logarían hacerme sentir más vivo que nunca.

MANIFESTANTES DE LOS CUATROCIENTOS PUEBLOS


EDIFICIO DEL BANCO DE MÉXICO


CENTRO HISTORICO


ZÓCALO CAPITALINO

CATEDRAL METROPOLITANA

PALACIO NACIONAL


ALREDEDORES DE PALACIO

SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN