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sábado, 16 de abril de 2011

AL SEGUNDO DÍA DE COACHELLA


AL SEGUNDO DÍA DE COACHELLA

Mientras Coachella está en su pleno apogeo, yo estoy aquí muriendo de la envidia, viviendo en un país convulsionado por la violencia y el narcotráfico; me encantaría estar allá y olvidarme de la realidad que se vive en México, ser egoísta por lo menos tres días y mandar al demonio todo.

Pero estoy aquí, leyendo sobre lo que ocurre allá, enterándome, por ejemplo, que INTERPOL no logró conectarse con su público, lo que me hace recordar que tampoco lo consiguió en el CORONA CAPITAL del año pasado –bueno, al menos a mi no me prendieron–; en fin, hoy, el segundo día de COACHELLA, la carta fuerte del festival es sin duda ARCADE FIRE, que serán los encargados de cerrar las presentaciones del escenario principal.

Tal vez este año no veré a ARCADE FIRE cerrando COACHELLA, tal vez nunca lo haga, pero al menos me queda el maravilloso recuerdo de haberlos visto cerrar con broche de oro el LOLLAPALOOZA del año pasado en Chicago.

Mientras todo ocurre en California, yo sigo aquí, en esta pequeña ciudad asentada en el desierto, viendo a través de mi ventana como cae el ocaso mientras escribo y escucho a ARCADE FIRESometimes I can't believe it, I'm movin' past the feeling.

ARCADE FIRE TOP FIVE





NO. 5 – Ready to Start



NO. 4 – Black Wave/Bad Vibrations



NO. 3 – The Suburbs



NO. 2 – Wake Up



NO. 1 (MI FAVORITA) – My Body is a Cage








jueves, 17 de marzo de 2011

A DOS AÑOS DE RADIOHEAD EN MÉXICO

A DOS AÑOS DE RADIOHEAD EN MÉXICO


Este es un día muy significativo para mi porque celebro el 2o Aniversario de la primera vez que ví a RADIOHEAD en concierto; además, esa fecha implica el punto de partida de muchos proyectos personales, la llegada de gente importante a mi vida y el cambio de muchas cosas.

Es por eso que quise celebrarlo publicando la última para de la crónica de aquel concierto, la cual me ha llevado dos años escribirla; espero haber cumplido con sus expectativas y que sea de su agrado.

Les dejo el video con el concierto completo de RADIOHEAD en Praga, de dos mil nueve, m uy similar a los celebrados ese mismo año en México.

Nos leemos pronto





miércoles, 16 de marzo de 2011

RADIOHEAD, COMO SI FUERA LA PRIMERA VEZ (CUARTA Y ÚLTIMA PARTE)

RADIOHEAD, COMO SI FUERA LA PRIMERA VEZ (CUARTA Y ÚLTIMA PARTE)






Lunes 16 de Marzo de 2009 - ÚLTIMA PARTE.

El cielo de la ciudad de México ya se había ensombrecido, la luna había quedado opacada con el brillante fulgor que emanaba del escenario, los cilindros blancos ahora estaban esparcidos por todo el escenario y de ellos fluía una intensa luz.

"Mi primer día en Luzac, mi mamá y mi papá me llevaron como si fuera el primero del jardín de niños; aún no son las siete de la mañana, ni siquiera ha salido el sol, el cielo está intensamente obscuro; entre la multitud que llega busco un rostro familiar distinto al de mis padres, no lo encuentro, pero llama mi atención un chico delgado y moreno de aspecto bastante humilde que, al igual que yo, se encuentra acompañado por sus progenitores; la imagen de aquel chico es cada día menos clara, pero constantemente viene a mi mente aquel sentimiento que me provocó ver su rostro confundido y triste en contraposición a la belleza de sus gruesos labios; pero sí recuerdo el vestido rojo y viejo de su madre, la gorra de camionero de su padre, el hecho de que sus padres parecían más viejos de lo que tal vez eran y que él lucia como un chiquillo, creo que incluso se veía más niño de lo que me pude haber visto yo. El rostro del chico, siempre fijo en el suelo, en algún momento sintió el peso de mi mirada y volteó hacía mi, sus inmensos ojos cafés me miraron no con tristeza, pero sí con aire de confusión; entonces lo comparé conmigo: él no era tan alto como yo, pero sí muchísimo más delgado, sus padres eran viejos y débiles, los míos notablemente jóvenes y llenos de vida, aunque tanto los de él como los míos nos veían a ambos con orgullo; los dos portábamos el uniforme de Luzac, el mio nuevo, el de él algo viejo, ambos poseemos el mismo color de cabello y de ojos, ambos estamos completamente solos, perdidos y temerosos.

Nuestras miradas se conectan levemente, me gusta, algo se remueve en mi interior, no sé qué es, algo me dice que tenemos una cosa más en común, pero qué puede ser, no lo entiendo; entonces escucho que alguien pronuncia mi nombre –Argenis–, volteo abruptamente, es mi amiga Liz, finalmente veo un otro rostro familiar, se apodera de mi la emoción, me olvido por completo del chico –y aunque parezca extraño– nunca más lo volvería a ver, pero todavía recuerdo el sentimiento que me provocó verlo, lo recuerdo como si fuera la primera vez."

“How come I end up where I started? / How come I end up where I went wrong? / Won't take my eyes off the ball again / You reel me out then you cut the string...” Despierto de mi cavilación, el concierto inicia, el escenario es todo luz y sonido, Thom baila como loco, yo gritó como poseso, cierro mis puños, tengo mucha energía encerrada que necesita salir, grito, desgarro mi garganta, estoy feliz, inmensamente feliz. “
You used to be alright / What happened? / Did the cat get your tongue? / Did your string come undone?...”

Termina 15 step, inmediatamente inicia There There: “In pitch dark I go walking in your landscape / Broken branches trip me as I speak / Just cos you feel it doesn't mean it's there...”; los cilindros proyectan una lluvia, un cubo y otras formas geometricas, chispas, estrellas, un bombardeo de colores: rosa, azul, morado, amarillo; Thom baila, veo a Jonny Greenwood, me embelezo con O’Brien. Bailo, muevo mis manos y alzo los brazos, la chica a mi lado fuma su porro, me convida, lo rechazo, ya no lo necesito; luego, The National Anthem, del glorioso Kid A, me mantiene en un estado de inconciencia mayor al de la chica junto a mi que se ha fumado todo el cigarrillo de marihuana:
“Everyone around here / Everyone is so near…”

"Sólo una vez me he enamorado, sólo una vez he sentido esta necesidad, este sentimiento, estas mariposas en mi estomago; mil y un veces he deseado probar los labios de otro ser humano, pero solamente los de ella me han parecido perfectos para hacerlo. Extraño sus ojos, creo que aun ansío su cuerpo, sus bellos pechos, sus curvas pronunciadas, su perfecto cabello, esas mejillas rosadas y los blancos dedos, la sonrisa tierna, la mirada dulce, el hablar pausado. Mi primer sueño húmedo se lo debo a ella, y mis primeros sueños perversos también se los dí; mi obsesión, mi primer amor; por ella lloré, por ella me oculté bajo la banca cientos de veces, por ella conocí la hipocresía, por ellas conocí lo inalcanzable, porque ella me era inalcanzable, o al menos así lo sentía. Y entonces también recuerdo a sus exnovios, delgados, morenos, idiotas, recuerdo como se la llevaban detrás de la prepa o a la plaza, recuerdo la manera en que la tocaban, recuerdo la soeces palabras que proferían frente a los amigos después de hacerlo, y yo sentía que con cada palabra la violaban y cada una de las carcajadas y los pensamientos oscuros era una puñalada en mi corazón. Lloré muchas veces, y el mismo número de ocasiones me pregunté qué tenían ellos y qué me faltaba a mi, por qué no tenía el valor de hablarle de frente, qué podía perder, en cambio la pude tener a ella; no conocí el sabor de sus labios adolescentes, ni la calidez de sus manos, o la suavidad de su mejilla, pero a pesar de todo, cuando busco a Sara en mis recuerdos, siempre la veo como si fuera la primera vez."

“...You are all I need / You're all I need / I'm in the middle of your picture / Lying in the reeds...”
Tras finalizar All I Need, comienza Kid A; veo a Abraham, ambos sonreímos, noto que una de las amigas de la chica extranjera se siente mal, se agacha, tal vez se ha mareado, dicen que le duele el estomago, la rubia voltea a verme, su rostro parece avergonzado y luego fastidiado –es que no comió nada y se fumó el cigarro– me dice y en seguida se dispone a ayudar a sus amigos con la chica enferma, el tipo que las acompaña se marcha, minutos después regresa con un refresco, yo prefiero olvidarme de ellos por completo.

Gritos, estruendo, vuelvo a gritar como poseso, pero todos entramos automáticamente en calma tan pronto Yorke canta: “Karma police, arrest this man / He talks in maths / He buzzes like a fridge / He's like a detuned radio…”.

"Recuerdo mi primera exposición frente a mis compañeros de clase de la Universidad, el tema se relacionaba con los símbolos y el lenguaje, yo he decidido hacer una presentación para explicar el efecto de los símbolos con el video de “Karma Police”, creo que sólo uno o dos de ellos habían visto el video, el resto lo desconocía por completo; ellos y la maestra lo ven, lo escuchan, le temen, les impacta, voltean a verme y se dan cuenta que soy raro, muy distinto a ellos; veo hacía el jardín y anhelo intensamente volver a estar en la prepa, con mis amigos escuchando a Radiohead como si fuera la primera vez."

“Karma Police / I've given all I can / It's not enough / I've given all I can / But we're still on the payroll...”, veo a Abraham sin que él lo note, algunas lagrimas escapan de sus ojos, yo cierro los míos y escucho: “This is what you'll get / This is what you'll get / This is what you'll get when you mess with us...”, el sueño anhelado, la felicidad alcanzada.

Otra vez me emociono como loco –yes, yes, yes– grito a los cuatro vientos y salto tan alto como me es posible, comienzo a cantar junto con Yorke: “Don't get any big ideas / They're not gonna happen / You paint yourself white / And fill up with noise / But there'll be something missing...”; entonces hay una conexión perfecta y total entre fan y músico, entre gurú y fiel seguidor, sin duda alguna Dios me habla en ese momento a través de Radiohead y la dulce voz de Thom que me dice: “You'll go to hell for what your dirty mind is thinking…”, y sin embargo no me siento desolado, pues ya he tenido una visión del paraíso esta noche.

A la dolorosa Nude le seguirán la poética Weird Fishes/Arpeggi, la poco popular pero psicodélica The Gloaming, la extraña rareza de Talk Show Host, y luego, la emotiva Videotape: “This is my way of saying goodbye / Because I can't do it face to face…”.

You And Whose Army? me pasa inadvertida porque aún sigo consumido por las emociones provocadas por Videotape; pero ahora es el turno de Jigsaw Falling Into Place: “Just as they play your favourite song / As your bad day disappears / No longer wound up like a spring / Before you've had too much...”; los cilindros llenos de luz siguen proyectando las figuras geométricas, que resultan más claras a la distancia, pues de cerca sólo son una explosión, una lluvia de colores.

Con Idioteque pierdo el completo control de mi, bailo, muevo los brazos, no creo posible que alguien pueda disfrutar más que yo de esto: “Ice age coming, ice age coming / Let me hear both sides / Let me hear both sides / Let me hear both...”. Y luego, otra pieza de la obra maestra llamada Ok Computer, se trata de Climbing Up The Walls: “It's always best when the light is off, / It's always better on the outside. / Fifteen blows to the back of your head, / Fifteen blows to your mind...”.

Dos luces blancas iluminan levemente la tarima, los chicos de la banda bromean, ajustan sus instrumentos, el staff se apresura a brindar su apoyo, la guitarra de Jonny emite un sonido, Abraham y yo creemos reconocerlo, nos emocionamos, la chica extrajera también reconoce la canción que la banda habrá de interpretar; vuelven a los ajuste, Yorke se acicala un poco con una toalla, vuelve a reír y luego dice algo, quince años esperamos aquellas palabras, y afortunadamente estabamos ahí para escucharlas de viva a voz por primera vez.

“Wake, from your sleep / The drying of your tears / Today we escape, we escape...”, la guitarra suena dulcemente, su voz duele, hace crujir el viento, la luz sólo los ilumina a ellos, a Greenwood y Yorke, a ambos pertenecemos, los dos forman parte de nuestras vidas; todos estamos en éxtasis, pero justo en el punto mas álgido del concierto, de pronto, una pinché falla técnica, intentan retomar la canción, y se equivocan nuevamente, desisten de aquel intento, Exit Music (For A Film) queda marcada para siempre en México, está maldita; muchos crucificarán a Radiohead por su error, aquel problema se convertirá en mito; Yorke sabe que está en deuda, son quince años de ausencia, para cualquier otro habría sido imperdonable, pero él, ellos son Radiohead, los transgresores, los experimentales, los alternativos, muy distintos a otros ingleses; desde que llegaron al país, los fans nos hemos rendido a sus pies, por eso, perfección es lo que muchos exigían como precio justo, y ahora pagaban con esto.

Abraham se mostró levemente indignado con lo ocurrido, pero entendió que cualquiera es susceptible de cometer un error; no recuerdo qué postura tomó Miriam al respecto, pero para JJ y para mí, aquella “fatídica” falla, que sería satanizada en todos los medios especializados, nos conectó con la realidad: para JJ y para mi ellos eran Dioses colocados en nuestro más alto altar, pero con este error se volvían a mostrar más humanos, más tangibles, más cercanos a nuestras vidas, más conectados a nuestros sentimientos, porque así como no hay humano perfecto, no hay músico que lo sea.

Veo a Yorke, él sabe que está en deuda, se nota en sus movimientos, lo expresa su rostro, pero decide continuar con el concierto.

Luego interpretan algo más movido, “Bodysnatchers” para después tomar un corto receso. Por mi parte, yo respiro intensamente, asimilo lo ocurrido hasta el momento, o por lo menos intento hacerlo; veo el cielo y me preparo para lo que habrá de seguir.





- - - PRIMER ENCORE - - -

"La primera vez que mi mamá y yo discutimos por algo serio fue de forma muy teatral y dramática, esa vez avienté los platos de la cocina, se rompen por completo, me ve con ira, pero opta por guardar silenció, no hay respuesta de su parte y con eso gana la partida, subo a mi cuarto, azoto la puerta, me habría gustado salir volado, haberme esfumado, sin embargo me pongo mis audífonos, y mientras escucho “How To Disappear Completely”, desaparezco en cierta forma"


“I go where I please
I walk through walls
I float down the Liffey.
I'm not here
This isn't happening
I'm not here, I'm not here...”



La primera canción en sonar es la sublime How To Disappear Completely, tras concluir ésta, le sigue la crítica Paranoid Android:


“Ambition makes you look pretty ugly,
Kicking and squealing gucci little piggy,
You don't remember,
You don't remember,
Why don't you remember my name?...”


Euforia y descontrol, luz intermitente, el sonido comienza a viajar lentamente:

“Rain down, rain down
Come on rain down on me
From a great height
From a great height... height...
Rain down, rain down...”

El brillo de los enormes tubos vuelve a simular la lluvia, pero ahora es más clara, menos violenta, el escenario es una obra admirable. La verdad, no presto mucha atención a Dollars And Cents, que fue la canción que siguió, pero me emociono con The Bends, me transporta a los noventas, la que tal vez siempre será mi década feliz:

“My baby's got the bends
We don't have any real friends
Just lying in the bar with my drip feed on
Talking to my girlfriend, waiting for something to happen
I wish it was the sixties, I wish I could be happy
I wish, I wish, I wish that something would happen...”

Desconcertante, misterioso y sin igual es el sonido de Everything In Its Right Place, Yorke la canta con el tono adecuado y justo, los Greenwood, O’Brien y Selwey ahora con esta rola se muestran impecables; la gente esta increíblemente emocionada, los rostros de los integrantes de RADIOHEAD se notan sorprendidos y felices, parecen no dar crédito a la respuesta que están recibiendo del público mexicano. Aquí termina el primer encore.





- - - SEGUNDO ENCORE - - -

Ahora empiezan con Like Spinning Plates, derivada del Amnesiac, que para mi representa una oda a la experimentación, en mi opinión es uno de sus trabajos menos apreciados; si el Kid A es el desligue de su tradición inglesa melódica, pegajosa y, por qué no decirlo, a veces banal, Amnesiac es la confirmación de esa separación y la comunión total con el nuevo milenio desolador y algo siniestro, como queda reflejado en este trabajo del dos mil uno.

Finalmente tocan una de las canciones que más había esperado aquella noche, mi nueva favorita, Reckoner, Thom la canta y siento que quedo satisfecho, le digo a Abraham que me doy por bien servido, Radiohead ha cumplido conmigo, y aunque me habría gustado escuchar otras canciones como Just o Fake Plastic Trees, aun así estoy feliz:

“Because we separate
Like ripples on a blank shore
In rainbows
Because we separate
The ripples on a black shore
Reckoner, take me with you
Dedicated to all human beings...”

Me vuelvo a percatar de O’Brien, que bien se mueve, me encanta, y cual groupie le gritó que lo amo, la gente ni se da cuenta de ello, y si lo hacen, me importa un bledo; Abraham y yo sabemos que el concierto está por concluir, sabemos que faltan una canción, pero ni siquiera imaginamos cuál es; yo ya no esperaba nada, no creía que pudiera haber sorpresa alguna, pero Yorke estaba en deuda y lo sabía.

Miriam comentaría después, como otros cientos de inconformes, que no debieron tocarla, que con ello arruinaron el concierto; Abraham tomó una postura contraría a ella, y dijo que ya sabía que diría algo por el estilo, que se mostraría disconforme, pero a él, escuchar esa canción lo había hecho muy feliz. Cuando le preguntamos a JJ, con una voz completamente emocionada sólo atinó a decir: “…fue un gesto muy noble, un gesto muy noble…”. Yo, en cambio, al oirla me sentí como si fuera la primera vez que la escuchara, como si fuera la primera vez que la cantara, volví a sentirla, a gritarla, a llorarla internamente y a sufrirla como el primer día que la escuche. Tal vez no será su mejor canción, pero para mi, como así es para miles, expresa mucho de mi vida, especialmente de mi forma de amar, de sentirme conmigo mismo; cuántas veces no cante esta canción y se la dediqué a Sara, cuántas veces me sentí así en Luzac, cuántas veces la cantamos JJ y yo, esta canción me pertenece, nos pertenece a todos los que amamos a RADIOHEAD.

Siempre me recordará tantas cosas, siempre me hará sentir lo mismo; en el futuro, cuando la escuche me evocará mi juventud, tiempos de ridiculez, de inocencia, de sin sabor; era necesario que esa noche la escuchara, debía oírla, debía cantarla, debía cerrar con ella un capítulo de mi vida, aceptarme tal cual soy, despedirme de tantas cosas y asimilar mi nueva realidad:

“But I'm a creep,
I'm a weirdo
What the hell am I doin' here?
I don't belong here
I don't care if it hurts,
I wanna have control
I want a perfect body
I want a perfect soul...”


Sentí que antes de esa noche, cualquier otro concierto al que hubiera ido se había borrado, porque este representa una primera vez; era la primera vez que veía a Radiohead, la primera vez que una chica coqueteaba conmigo y me percataba de ello, la primera vez que JJ renegaba de nosotros, la primera vez que escuchaba a Miriam cuestionar a Radiohead, la primera vez que veía llorar a Abraham, la primera vez que dejaba de sentirme mal conmigo mismo:

“I want you to notice
when I'm not around
You're so fuckin' special
I wish I was special

But I'm a creep
I'm a weirdo
What the hell am I doin' here?
I don't belong here, ohhhh, ohhhh...”

Al menos conmigo, Yorke saldaba por completo la deuda, estábamos a mano, fan y músico, guru y seguidor; la canté, la viví, recordé, grité, la chica extranjera se asustó cuando comencé instintivamente a golpearme el pecho y los muslos con los puños mientras cantaba: “I wanna have control, I want a perfect body, I want a perfect soul…”. La canté, la escuché, la sufrí como si fuera la primera vez.

Entonces pensé algo, pensé que un día no muy lejano alguien se enamore de mi, me quiera, me permita compartir el control de la relación, ame mi cuerpo imperfecto y salve mi alma incompleta; espero que esa persona lea lo que he escrito y encuentre una respuesta a mis rareza, perdone al yo voluble, caprichoso y amargado, comprenda a mi yo depresivo, perverso y al desconsiderado, se enamore aun más del Argenis amable, inteligente, noble y alegre; y, que cuando crea que tiene todo perdido, que no puede más conmigo, sepa que en mi vida puedo prescindir de todo, menos de la música, y entonces, espero que ese alguien –que me ame lo suficiente– un día llegue a mi puerta y me diga:

“Whatever makes you happy
Whatever you want
You're so fuckin' special...”

Algún día, esa persona me dedicará CREEP y yo volveré a oírla y cantarla como si fuera la primera vez.




FINAL.

El concierto terminó con Creep para sorpresa de todos, los integrantes de la banda se despidierion y las luces se encendieron por completo, el staff se apoderó del escenario para hacer lo suyo y la gente y nosotros comenzamos a salir; como aquel chico que vi en mi primer día de clase en Luzac, no volví a ver a la chica extranjera.

Caminamos mucho, todo estaba muy obscuro, nos era muy difícil movernos entre la multitud, y para colmo, de vez en cuando nos tropezábamos con los puestos ambulantes instalados en los lugares menos oportunos; la noche era fresca, las copas de los árboles se veían altísimas, el cielo era de un gris profundamente lóbrego, ya no había nubes, pero tampoco estrellas; caminamos mucho, y mientras lo hacíamos, Miriam, Abraham y yo platicamos de nuestras impresiones sobre el concierto, a lo lejos escuchamos un comentario pronunciado con ese inconfundible sonsonete chilango que nos hizo reír: “…acabo de ir a un concierto de KRAFWERK cerrado por RADIOHEAD”; tan pronto salimos del Foros Sol, supimos que en él hemos dejado mucho de nosotros, que hemos cerrado una etapa de nuestras vidas, pero sobretodo, sabemos que aquella noche jamás se esfumara de nuestras mentes, al evocar aquel recuerdo, siempre lo volveremos a vivir como si fuera la primera vez.


sábado, 12 de marzo de 2011

A TRES SEMANAS DE THE RADIO DEPT.

A TRES SEMANAS DE THE RADIO DEPT.

El recordar que hace tres semanas estaba en la Ciudad de México, deambulando por las calles de la Condesa, antes de tomar el metro para ir al Lunario del Auditorio, donde vería a THE RADIO DEPT., inevitablemente me hace sentir nostálgico.

RADIOHEAD, COMO SI FUERA LA PRIMERA VEZ (TERCERA PARTE)

RADIOHEAD, COMO SI FUERA LA PRIMERA VEZ (TERCERA PARTE)


Lunes 16 de Marzo de 2009 - PRIMERA PARTE.

A unas cuantas horas de iniciar el concierto de Radiohead, Miriam, Abraham y yo habíamos decidido reunirnos en Coyoacán para comer, y después partir juntos al Foro Sol; era la primera vez que estaba en Coyoacán, tenía unas grandes expectativas de conocer aquel lugar, mis amigos me habían hablado mucho de él, pero al llegar ahí no me pareció nada del otro mundo, quizás fue que no tuve el tiempo suficiente para recorrerlo, para empaparme de su historia y de su supuesto encanto, o quizás fue el hecho de que me pareció un lugar caótico –en mi opinión, más atestado de gente que cualquier otra parte de la ciudad de México–, lleno de vendedores ambulantes, con calles estrechas y asfixiantes; en resumen, Coyoacán no fue de mi agrado en mi primera visita, pero tampoco me molestó estar ahí, porque, después de todo, me sentía sumamente emocionado de estar junto a dos de mis más queridos amigos.

A pesar de que el sábado ya había visto a Miriam, me dio mucho gusto volver a verla, la abrace con mucho cariño –y cómo no hacerlo, si desde que se mudó al D.F., cuando mucho la veo unas cinco veces al año, así que trato de no desperdiciar la oportunidad de estar con ella–, después del abrazo, algo en la vestimenta de Miriam llamó mi atención: su playera negra con la conocida cabeza del oso del Kid A, muestra de que una noche antes había asistido al primer concierto de la agrupación inglesa que pronto habríamos de disfrutar todos. Cabe resaltar que la “condenada” se había dado el lujito de conseguir boletos para las dos fechas, algo que por un lado he de reconocer me daba envidia por obvias razones, y por otro mucha alegría, pues los tres iríamos juntos al mismo concierto, lo cual para mí –y luego confirmaría que para Miriam y Abraham también– representaba algo muy importante, pues ese recuerdo siempre estaría ligado a ellos, dos de mis mejores amigos, dos de las personas por las que y con las que mi admiración por Radiohead y mi amor por la buena música se había desarrollado en gran medida.

Caminamos unos cuantos minutos por la plaza principal de Coyoacán, y ya extenuados por el calor que hacía aquel día, decidimos comer en un típico restaurante de la zona; era una especie de cantina o taberna, donde la comida no era mala pero tampoco resultaba de maravilla. Mientras nos servían los alimentos comenzamos a platicar; Miriam y Abraham se conocía desde la secundaria, habían estado juntos en el Colegio la Luz, institución que para ambos representa un cúmulo de buenos recuerdos y a la vez de sin sabores y pesadillas que, finalmente, para bien o para mal habían sido determinantes en la construcción de sus personalidades; lo cierto es que gracias al Colegio la Luz, Miriam y Abraham habían conocido a José Juan, y gracias a JJ yo los había conocido a ellos.

Hablamos de tantas cosas que la verdad ya no recuerdo todos los temas, pero al final la conversación se centró en la ausencia de José Juan, que era el eslabón y la secuencia faltante a un esquema formado por Miriam, Abraham y yo; Abraham y Mimiraim se mostraron molestos por la ausencia de JJ aquel día, pero a mí su actitud ya no me sorprendía ni me molestaba, hacia algún tiempo había decidido no volverme a enojarme con él, había comprendido que para mi su amistad era primordial, tanto que podía ser capaz de aguantar su carácter y su forma de ser, de la misma manera que él toleraba la mía, por lo que si de pronto estaba experimentado o viviendo cosas más relevantes que estar aquel día con los amigos con los que tiempo atrás había planeado tantas tardes ver a Radiohead, con los que había cantado tantas veces esas canciones oscuras pero igualmente brillantes, entonces yo no me entristecería ni mucho menos me enojaría por el hecho de que había elegido estar con otras personas en lugar de con nosotros, en verdad esperaba que lo que estuviera haciendo valiera muchísimo la pena, pues de otra forma sería él quien saldría perdiendo, sería él quien no vería la sonrisa de Miriam antes de entrar al concierto, sería él quien no sabría como lucieron los ojos de Abraham tras escuchar Karma Police, quien no escucharía mis comentarios llenos de sentimientos encontrados luego de escuchar Creep, era él quien no estaría ahí al finalizar el concierto, y quien esa noche no cerraría una etapa de su vida con algunos de los mejores amigos de toda su vida.


Lunes 16 de Marzo de 2009 - SEGUNDA PARTE.

La temperatura había comenzado a descender abruptamente, el cielo se mostraba gris y encapotado, y un viento helado comenzaba a rondar por el lugar; Abraham y yo esperábamos expectantes a que iniciara el concierto, Miriam hacía lo mismo pero en una zona distinta del Foro Sol, resultó que su boleto no era igual al nuestro, y al final no estaríamos juntos viendo el concierto, pero de una u otra forma compartiríamos aquel momento.

Frente a nosotros se mostraba el imponente escenario, del cual, en cada uno de sus costados, pendían enormes cilindros blancos que en ese momento me parecieron gigantescos vendajes, que bailaban al compás de un viento que no dejaba de soplar; después de un rato la lluvia menguó hasta que paró del todo, el cielo gris se tornó en negro con algunas pinceladas de azul rey; mientras, tres chicas y un chico se colocaban como podían a mi izquierda, el escenario ensombreció por completo y cuatro figuras empezaron a ingresar en él, indicio de que la presentación de KRAFTWERK estaba por comenzar.

Sentí el peso de la mirada de la chica postrada junto a mi, la misma que apenas hacía unos segundos había llegado de mi lado izquierdo, no pude resistir y volteé mi rostro hacia ella: era delgada, algo baja de estatura, de una cabellera larga, lacia y color castaño claro, con un rostro de facciones exquisitas enmarcadas sobre una piel muy blanca; sus ojos pequeños me miraron con cierto encanto y sus labios delgados me brindaron una sonrisa, detalles que quizás siendo otras mis preferencias me habrían incitado a iniciar el coqueteó previo al flirteo; devolví cortésmente la sonrisa, que fue la señal de confianza que le dio a la chica valor para preguntarme de manera pausada y con dificultad, en un español gracioso que me recordó al DJ del Black Horse, lo siguiente:

–Hola, me puedes decir quiénes son– yo respondí –KRAFTWERK–
En verdad, oh, yo tenía muchas ganas de verlos– sin duda la chica era extranjera.

Sus compañeros comenzaron a fumar y el escandaloso olor que desprendió el cigarrillo delató la presencia de la marihuana, mientras, las enormes pantallas proyectaban el multimedia del primer track del setlist, THE MAN MACHINE; "el sonido era alucinante, machine, machine, machine, rojo, negro, rojo, y sobre él la letras M A C H I N E, una y otra vez"; –¿quieres?– era nuevamente la chica extrajera, otra vez me sonreía, pero ahora su blanca y delgadita mano me mostraba el porro recién aspirado, y yo pensé “por qué no”; le dije que sí, lo tome en mis manos y lo lleve a mis labios, aspire y me impregne de él, un aratito después solté el humo y le devolví el cigarrillo, la operación se repetió varias ocasiones más durante la presentación del los alemanes.

El porro, las luces y el sonido, la agradable compañía y el clima frío que, quizás por efecto de la marihuana o quizás por la cercanía de los cuerpos, poco a poco era menos perceptible, pronto me transportaron a un nivel de relajación total, mis sentidos estaban por completo despejados, yo disfrutaba intensamente el concierto.


KRAFTWERK nos cumplió a cabalidad como los grandes, interpretó todos sus temas más conocidos: NUMBERS, TOUR DE FRANCE, DAS MODEL, etc. A pesar de la intensidad de su presentación, concluyeron el concierto cual robots, de manera automática y sin aspavientos, después dieron las gracias de manera sencilla y abandonaron el escenario sin más ni más.

Tan pronto terminaron, busqué a Abraham –al cual había olvidado un poco por la presentación de KRAFTWERK y otro poco por el porro, aunque creo que él también se había olvidado de mi–, le toqué el hombro, él me volteó a ver, y no sé que notó en mí, pero me preguntó: –¿Qué onda man?– luego se rió y yo sólo le dije –nada, solamente me siento muy feliz–.

martes, 1 de marzo de 2011

RADIOHEAD, COMO SI FUERA LA PRIMERA VEZ (SEGUNDA PARTE)

RADIOHEAD, COMO SI FUERA LA PRIMERA VEZ (SEGUNDA PARTE)


Domingo 15 de marzo de 2009.

Después de que Abraham y yo desayunamos un par crepas en un pequeño restauran de la Condesa, abordamos un taxi que nos llevó al Museo de Arte Moderno con el fin de ver una exposición de Remedios Varo, mi pintora favorita, pero para nuestra mala suerte la exposición había concluido una semana antes, contrario a lo que se había publicado en internet, donde se anunció que la exposición duraría todo el mes de marzo, pero bueno, ya estábamos ahí, yo no conocía el lugar y a Abraham no le molestaba la idea de volverlo a ver, así que, después de hacer una pequeña fila, vimos una exposición temporal bastante extraña pero interesante -aunque a mi amigo le pareció exasperante-, y luego ingresamos a la sala donde se exhibe la colección permanente, donde pude ver en vivo y a todo color, mi pintura favorita: La Creación de las Aves.

La pintura me resultó más pequeña de lo que siempre imaginé y aunque me sorprendió el modesto marco que la sostenía, así como el pequeño y oculto muro en el que se le colocó, experimenté un enorme placer al verla, un placer que no se puede explicar porque no hay palabras que permitan hacerlo, basta decir que me enamore aún mas de aquellos tonos ocres, de los detalles de las plumas del búho, de los vívidos colores de las aves, de las marcadas pinceladas que alguna vez hizo Remedios, de la magia que emana del aquel trozo de madera; en algún momento mientras observaba aquella pintura, el mundo a mi alrededor desapareció, sólo estábamos la obra y yo, y en ese instante, toda la tristeza se esfumo de mi corazón, ya nada me dolía, ese pequeño cuadro había alimentado mi espíritu.

Aunque seguimos viendo la exposición, ninguna otra pintura pudo rivalizar u opacar lo que experimente con el cuadro de Remedios Varo, ni siquiera la gran joya de la colección: “Las dos Fridas”, que en contraposición es bastante grande y obviamente ocupa el muro principal; la última pintura que ví fue “El Volcán” del Doctor Atl -el gran amor de otra de mis pintoras favoritas, Nahuí Olin-, y si bien en la obra en cuestión me gustó, tampoco logró provocarme el sentimiento antes experimentado.

La segunda parada de aquel día fue en el Antiguo Colegio de San Idelfonso, donde vimos la magnifica exposición del fotógrafo norteamericano, David Lachapelle, la cual me encantó de principio a fin.

La obra de Lachapelle, a pesar de ser bizarra y perturbadora, resulta igualmente atractiva y brillante; aquella exposición fotográfica me provocó una vibra muy extraña, pues de ella se desprendía una gran energía y una fuerza descomunal, los brillantes colores, las caras extrañas, los labios gruesos, los famosos capturados en poses míticas, los modelos masculinos mostrando sus cuerpos desnudos, perfectos e inalcanzables, y las mujeres, o totalmente grotescas o totalmente banales, pero adictivas. La exposición de Lachapelle caería en la categoría de
“la amas o la odias, pero es imposible no sentir nada frente a ella”.

Pasadas las seis de la tarde dejamos el museo; hacían ya muchas horas que mi amigo y yo no probábamos bocado, por lo que el hambre comenzaba a hacer estragos en nuestros estómagos, por lo que escogimos comer en un pequeño cafecito del centro histórico, que por cierto es uno de mis favoritos en la ciudad de México. Tan pronto terminamos de comer, volvimos a emprender la marcha cual judíos errantes, otra vez a caminar por las antiguas calles del centro, y finalmente otra vez arribamos al Paseo de la Reforma; a algunos podrá parecerles extraño que siempre que narro alguna crónica sobre mis fines de semana en la Ciudad de México, explique me la pase caminando durante horas y horas por sus calles y avenidas, pero es que sí algo disfruto de esa ciudad es precisamente “perderme” caminando en ella, confundirme con sus habitantes, ser parte del caos, del dolor, del estrés, pero también de la pasión, de la vibra, de la historia, de la ciudad, creo que de vivir en ella, gastaría parte de mis fines de semana caminando en alguna de sus tantas colonias, y siento que no podría cansarme de hacerlo. En Torreón, caminar por sus calles no resulta algo tan atractivo, por principio, el sol abrazador del desierto es el primer gran obstáculo para emprender una tarea de esta naturaleza, el calor es agobiante y la deshidratación puede ser el resultado de arriesgarse a hacerlo; el segundo punto en contra es la falta de atractivos, la ciudad no tiene los grandes edificios, los enormes parques, las legendarias colonias, y mucho menos la cultura de la caminata; no me malentiendan, con todo, mi ciudad, “el rancho” como algunos despectivamente la llaman -en ocasiones, yo soy uno de ellos-, a pesar de todos los “contra” que puede tener, posee una pequeña lista de “pros” que al final del día me hacen quererla.

En determinado momento, los pies de mi amigo y los míos exigieron que la caminata cesara, sin embargo, Abraham y yo aún no estábamos dispuestos a concluir la noche de ese domingo, creo que inconcientemente tratábamos de encontrar factores de distracción para olvidar por completo que en un par de horas, después de muchos años, el primer concierto de Radiohead en la ciudad de México estaría por comenzar, y nosotros no estaríamos en él. Mi amigo me preguntó si me apetecía hacer algo, le dije que tenía antojo de ver libros y unas ganas locas de comer strudel de manzana, entonces Abraham dijo –mmmm, ya sé, vamos a “El Péndulo” de la Condesa–, el citado lugar, para los que no lo conozcan, es una librería que a la vez sirve como café y restauran, y algunas de sus sucursales presentan obras o lecturas de poesías y cuentos. El ambiente en estas “cafebrerias” es sumamente agradable y relajado, hay música de jazz, swing o alternativa muy suave, y el menú es bastante bueno, una muy recomendable opción para tomar un cafecito y leer un libro.

Tan pronto mi amigo y yo llegamos a “El Péndulo”, tomamos una mesa de la planta alta y ordenamos algo del menú: yo pedí chocolate caliente y strudel de manzana con nieve de vainilla, él pidió café americano y pastel de chocolate igualmente con nieve de vainilla; mientras degustábamos la comida volvimos a platicar, como si todos estos día no hubieran bastado, y con el pasar de las horas, la noche irremediablemente se tornó más oscura. Ya algo somnolientos y aún más cansados, optamos por pedir la cuenta, en ese instante nos percatamos que éramos de los últimos clientes que todavía quedaban en el lugar; mientras se extendía la respectiva factura por todo lo que consumimos, el celular de Abraham sonó, era Miriam que se comunicaba desde el Foro Sol donde en ese momento se efectuaba el concierto de Radiohead; alcancé a escuchar a través del auricular como interpretaban “Just”, la cara de Abraham quedó helada, no había expresión en su rostro, estaba completamente extasiado, yo por el contrario, sin el menor ápice de decoro, y rompiendo por completo el ambiente de calma que reinaba en el lugar, con esa característica dramática que me distingue, estrepitosamente atiné a decirle a mi amigo lo siguiente –dile que no se a atreva a contarte ni el mas mínimo detalle del concierto, no quiero saber nada, no quiero escucharla– e inmediatamente baje las escaleras, aquel acto de neurosis sacó a Abraham del encanto, quien de inmediato tomó una actitud similar y le dijo a Miriam –no queremos ser groseros, pero no queremos saber nada del concierto, queremos verlo con nuestros propios ojos, queremos que sea nuestra primera vez, gracias, pero hablamos mañana–, entonces, busqué nuevamente su rostro para encontrar alguna reacción, sus labios totalmente emocionados sólo pudieron prorrumpir –escuchaste, era “Just”, estaban cantando “JUST”– creo que mientras lo decía, una sonrisa se dibujó en mis labios, la cual
fue precedida de las siguientes palabras: “…Just you and no one else, you do it to yourself…”.


MUSEO DE ARTE MODERNO DE LA CIUDAD DE MÉXICO:

EXPOSICIÓN DE ALAN GLASS


EXPOSICIÓN PERMANENTE DEL MAM
ANTIGÜO COLEGIO DE SAN IDELFONSO
EXPOSICIÓN DE DAVID LACHAPELLE
TORRE MAYOR EN EL PASEO DE LA REFORMA
EL CABALLITO EN EL PASEO DE LA REFORMA
THOM A SU LLEGADA AL AEROPUERTO DE LA CIUDAD DE MÉXICO


jueves, 26 de agosto de 2010

RADIOHEAD, COMO SI FUERA LA PRIMERA VEZ. (PRIMERA PARTE)

RADIOHEAD,
COMO SI FUERA LA PRIMERA VEZ.
UNA CRÓNICA PENDIENTE SOBRE AQUEL CONCIERTO.



Lunes 16 de marzo de 2009.

Ahí estaba yo, abordando un avión bajo un cielo aún en penumbras, despidiéndome sin ánimo de hacerlo nuevamente de la misma ciudad; para mi fortuna, el avión tardó lo suficiente en despegar para ver otra vez un vaporoso amanecer en aquella nada sutil Ciudad de México; cuando finalmente despegó, y los primeros rayos solares atravesaron la ventanilla, todo el cansancio de lo vivido el fin de semana se hizo presente; mis parpados se tornaron pesados, inútilmente luchaba por mantenerme despierto, y cuando entendí que nada podía hacer por evitar el sueño, me coloqué los lentes oscuros y me permití dormir, y el letargo trajo consigo la sensaciones del fin de semana, y en entre ensueño y conciencia lo volví a vivir todo como si fuera la primera vez.

Viernes 13 de marzo de 2009.

No recuerdo el tiempo exacto que mi amigo Abraham tenía viviendo en la Ciudad de México, pero para mí era demasiado; al bajar del avión, él ya me esperaba en la moderna terminal dos del Aeropuerto Internación Benito Juárez; abordamos un taxi que recorrió calles oscuras y serpenteantes, laberínticas y caóticas, mientras nos poníamos al corriente de noticias; aquel fin de semana representaba para mi un escape, una forma de dejar atrás la tristeza, el inició de año me estaba resultando difícil, por aquel momento experimentaba situaciones verdaderamente difíciles en el campo laboral; enero y febrero habían sido depresivos, oscuros e hirientes, todo apuntaba a que sería un mal año, pero me había propuesto olvidar todo, borrar de mi rostro cualquier dejo de tristeza y aniquilar cualquier preocupación.

El viernes comenzó oficialmente en la Condesa, con una cena en un pequeño bistró de los tantos que abundan en la zona, concluida ésta, Abraham y yo recorrimos la colonia, nos perdimos entre la multitud, nos bañamos con el ruido y los aromas que inundaban el ambiente; tras varias cuadras recorridas, optamos por ir al Black Horse, un pequeño bar en el que permanecimos hasta que nos encontró la madrugada. Yo tomé vodka, él prefirió el whisky, pero fue la música y la gente la que nos embriagó; pese al sofocante calor que se experimentaba en el sitio, el bar me gustó mucho, aún y cuando según Abraham sus mejores tiempos ya habían pasado, pero, qué lugar puede ser fresco y novedoso en una ciudad donde cada día surge algo nuevo y pretencioso.

Como es costumbre, Abraham y yo hablamos de un sinfín de temas, y aunque en ocasiones, al ir y venir de los diálogos, a veces coincidimos en opiniones, generalmente diferimos en nuestros puntos de vista, lo que nos lleva a protagonizar encarnizadas luchas por defender nuestras perspectivas, pero al final guardamos silencio, cambiamos de tema y volvemos a ser amigos. En algún punto de la noche recordamos a José Juan y a Miriam, y hablamos de ellos, recordamos la manera en que los cuatro nos habíamos conocido, remembramos aquel plan trazado en el pasado y cuya realización, que había dejado de ser incierta hacía muchos meses atrás, estaba a punto de ejecutarse: los cuatro iríamos juntos a ver nuestro primer concierto de RADIOHEAD; mientras recordábamos eso, “Obstacle 1” de Interpol comenzó a sonar a petición mía pues minutos antes le había solicitado al DJ que pusiera algo de ellos, cosa que no creí posible, ya que la encantadora respuesta de ese chico rubio con mejillas tostadas por el sol, fue: “…esta noche no es posible, ‘tenes’ que ser feliz con lo que te doy, todos discos estar desordenados…”, palabras estas recitadas en un español que lo delataban como extranjero y acompañadas por una vaga mirada de entre apenado y “pasado”, sin embargo, terminó poniendo la rola para mi beneplácito y satisfacción, ganándose con ello mi simpatía.

Abandonamos el Black Horse muy tarde, ya casi nada estaba abierto, pero de camino al departamento de Abraham hicimos una última parada en un diminuto bar, bastante “mono”, donde ambos nos conformamos con el último par de cervezas; ya había muy poca gente en el lugar, salvo una parejita que derrochaban cariño y un grupo bastante peculiar acomodado frente a la mesa que mi amigo y yo ocupamos; extrañamente algo del grupo en comento llamó mi atención, de principio no lo supe entender, no fue el hecho de que festejaran el cumpleaños de uno de ellos, que fueran cinco tipos y una chava, ni que todos (salvo la chica) fueran gays, no, lo que me cautivó de aquel grupo de amigos fue la manera en que compartían y denotaban su cariño, sin inhibiciones, sin malas intenciones, sólo abrazos, alguno que otro beso en la frente o la mejilla, miradas de complicidad y palabras prorrumpidas tiernamente, como si fueran hermanos, como si fueran de la misma familia, una familia.

Bastante tomados, Abraham y yo dejamos el bar con la plena necesidad de llegar a nuestras camas; caminamos por las oscuras y ahora silenciosas calles de la Condesa hasta llegar al departamento, donde una vez postrados en las camas cerramos los ojos para acortar el tiempo que nos separaba del tan anhelado lunes dieciséis de marzo.

Sábado 14 de marzo de 2009.

Tan pronto terminé la llamada y le informé a Abraham que JJ nos dejaba nuevamente plantados, caminamos apresuradamente a la entrada del Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México, estábamos ahí para ver la exposición titulada “Zares, Maravillas de la Rusia Imperial”, la cual comprendía una serie de objetos pertenecientes a la colección del Museo del Emitage, de San Petesburgo.

Mientras que para la mayoría de los visitantes, recorrer la exposición a lo mucho les tomaba dos horas, a Abraham y a mí nos llevó cuatro, ni él ni yo estábamos dispuestos a deambular por las salas de la muestra contemplando sólo los objetos, nuestra intención desde el momento en que ingresamos al lugar fue apreciar cada pieza y cada crónica ahí exhibidas, aprender y comprender lo más posible la historia de un imperio, que a distancia, parece más glorioso de lo que en verdad fue.

Luego de abandonar la exposición, decidimos comer en algún restaurante de Polanco antes de reunirnos con Miriam, a quien veríamos mas tarde en la entrada del Museo de Antropología; a la hora convenida, Abraham y yo aguardamos la llegada de nuestra amiga en una de las tantas bancas situadas en la explanada del museo; como es ya clásico en ella, Miriam volvió a llegar tarde, pero la verdad, si acaso su demora llegó a molestarme, el tedio desapareció tan pronto nos abrazamos, nos dimos un beso y compartimos sonrisas; comenzamos a caminar por todo el Paseo de la Reforma mientras hablamos un poco de la exposición, y aunque duramos muchísimo tiempo paseando, a mi me pareció que se fue volando, la platica de los tres había acortado las distancias y el tiempo, de ahí que en un abrir y cerrar de ojos hubiéramos llegado al centro histórico de la ciudad; nuestra caminata nos condujo al Zócalo y de ahí a la Plaza de Santo Domingo, donde una “tocada” de ska estaba por concluir; caminamos nuevamente, y luego cruzamos frente al Centro Culturar España, donde se apreciaba un larga fila para ingresar a una fiesta que amenazaba no tener fin.

Volvimos a caminar mucho, a recorrer las calles del centro histórico, a cruzar el Zócalo y dejar a nuestras espaldas el Palacio Nacional; era ya muy tarde, Miriam se tenía que marchar, al día siguiente ella iría a ver Radiohead y nosotros la exposición de Lachapelle; la acompañamos a la estación más cercana del metro, nos abrazamos y nos despedimos de ella, prometimos vernos el lunes por la mañana para ir a comer los cuatro juntos: JJ, Abraham, Miriam y yo, y platicar y esperar el momento en que el concierto comenzara, pues así lo habíamos planeado cuando no éramos más que un montón de adolescentes.

domingo, 15 de agosto de 2010

GAGA O THE STROKES, ELIGIENDO ENTRE LOS MONSTRUOS DE N.Y. (PRIMERA CRÓNICA SOBRE LOLLAPALOOZA 2010)


GAGA O THE STROKES, ELIGIENDO ENTRE LOS MONSTRUOS DE N.Y. (PRIMERA CRÓNICA SOBRE EL LOLLAPALOOZA 2010)


La música es en mi vida lo que es la droga, el sexo, el alcohol o la comida para otras personas, es un vicio indispensable, un placer al que de vez en vez debo recurrir para poder aguantar la deprimente realidad de la época en que me ha tocado vivir.

Pero así como el drogadicto recurre a distintas sustancias para experimentar diversas sensaciones, en mi caso las sustancias fuertes que consumo para abstraerme de todo se llaman festivales de rock, y es que en verdad no hay experiencia más fuerte que la que se pueda vivir en un festival: la alucinación total, el calor, los cuerpos sudorosos, la energía que brota a cada instante, las bandas y artistas entregándose con toda intensidad, el alcohol, la yerba impregnando el ambiente, las muestras de amor honesto, el rock.

Ahora bien, en mi vida me he planteado distintas metas a cumplir, algunas más importantes que otras, más fáciles de llevar a cabo o más complicadas de realizar, más banales o más trascendentes, dependiendo del cristal con que se miren; una de esas metas es ir aunque sea una vez a los tres festivales de rock que considero los más importantes de mi generación: GLASTONBURY, LOLLAPALOOZA y COACHELLA, mi Santísima Trinidad de los festivales, las ligas mayores del rock, el circuito cúspide de los conciertos.

Hace una semana pude saciar –por un tiempo– mi vicio, yendo al icónico festival Lollapalooza, el favorito de la generación X durante los noventas, y de paso conocer la famosa “WINDY CITY”, la imponente ciudad de Chicago.

Obviamente Lollapalooza no representaba el primer festival ni el primer concierto masivo al que asistía, pero sí era el primero al que iría en el extranjero, el primero para cumplir una parte de mi meta y el primero al que iría completamente solo, además, el Lolla, como cualquier otro festival, traía consigo una serie de retos a vencer, el más difícil de todos: programar el horario.

Diversos son los factores que se deben tomar en cuenta para armar un horario de festival: conflictos en las filas para comprar alimentos o bebidas, el tiempo de espera para que comiencen los conciertos, la distancia entre un escenario y otro, el clima, la demás gente –que al igual que uno trata de acceder al mejor lugar para disfrutar de los conciertos–, y el más dramático de todos, que dos bandas o artistas que mueres por ver se presenten al mismo tiempo en los escenario más separados el uno del otro.

El horario que más trabajo me costó armar fue para el viernes seis de agosto, pues debía elegir entre ver a The Strokes en el Budweiser Stage, o a Lady Gaga en el escenario principal, el Parkways Foundation Stage; para muchos la decisión habría sido fácil, The Strokes por encima de la cantante de pop, e incluso para mi también lo habría sido hasta antes de deambular por las calles de Chicago, específicamente por la Halsted Street en la zona conocida como el Boystown.

Muchos días me llevó tomar una decisión, y es que aunque no me considero un fan de Lady Gaga, no puedo negar que me agradan muchas de sus canciones, las cuales siempre me evocaran buenos recuerdos –muchos vinculados a grandes fiestas–, especialmente por cuestiones personales y por mi relación con algunos amigos. La decisión finalmente la tomé el jueves cinco de agosto, mientras caminaba, como ya lo mencione, por Halsted Street, donde el ambiente y los comentarios que pude escuchar me contagiaron con el ánimo de ver a la Gaga, además, ví como una señal positiva extra para hacerlo, el encontrar en mi habitación de hotel, la revista “TIME OUT CHICAGO” de regalo, que en su portada muestra la imagen de los Strokes rasgada, y bajo ella, una foto de Lady Gaga acaparando el centro de atención.

Algunos amigos me han preguntado qué si no hice mal al haber preferido a LADY GAGA frente a la presentación de THE STROKES, la respuesta es sencilla: NO, definitivamente no; aunque por algún instante dude entre ambos artistas neoyorquinos, el concierto de Lady, dejando de lado el morbo de verla en el escenario, me parecía más interesante y sobretodo sabía que sería hasta cierto punto más memorable, creo que de una forma u otra aquella fue una presentación que traspasará las puertas del tiempo y se convertiría en otra de las anécdotas legendarias del festival Lollapalooza.

Para entender la importancia que atribuyo a la presentación del pasado viernes seis de agosto, es necesario poner en contexto lo siguiente:

En el dos mil siete, la misma Lady Gaga, pero con el cabello oscuro y completamente desconocida para las masas sedientas de escándalo y polémica, debutó en uno de los escenarios más pequeños del Lollapalooza, con una presentación bastante austera y frente a un reducido grupo de personas; su nombre pasó desapercibido en un lineup donde figuraban grandes “tiburones” del rock y grupos legendarios como Pearl Jam, Daft Punk, Iggy & The Stooges, Interpol, Yeah Yeah Yeahs, Snow Patrol o Amy Winehouse (la que bien podría ser su hermana gemela, pues los rasgos fisonómicos de ambas son similares).

La Lady Gaga del dos mil siete no era la misma que ahora cuestiona la fama, la que es objeto de criticas ásperas e icono de la moda por igual, la cantante de entonces no vestía de Alexander McQueen, no tenía avión privado y las drogas eran parte de su diario acontecer; pero a partir de aquella fecha, la Gaga experimentó uno de los ascensos más rápidos y polémicos a la cúspide de la popularidad que jamás se ha visto, tres años fueron suficientes para convertirse en la consentida de los charts a nivel mundial, desde entonces ha recibido gran parte los premios que la industria puede ofrecer (y los que le faltan), ha superado en ventas a cualquier otra cantante, e incluso es motivo de copia y modelo a seguir de todas las “disque grandes” princesas del pop; los mejores diseñadores de moda, incluso los más conservadores, crean extravagantes diseños con el deseo de que la diva decida lucirlos al menos una tarde domingo; la chica del dos mil siete nunca se imaginó que conocería al “monstruo de la fama” y de lo terrible que podía ser, un monstruo constituido de soledad, drogas, adulación vacía, criticas acidas y miradas desaprobatorias, un ser sórdido, violento y perverso de cuyo daño hasta el momento parece salir mejor librada que muchas de sus contemporáneas (ahí está por ejemplo el caso de la pobre de Amy Winehouse); sin embargo no todo ha sido miel sobre hojuelas, y como la propia cantante lo reconoció ese viernes, el camino para llegar al nivel en que ahora se encuentra no ha sido fácil, incluso su presentación en el Lolla de este año había representado una lucha complicada frente a los críticos que la señalaron y reprobaron su presencia en el festival, por eso, para ella estar ahí, en el Parkways del Lollapalooza, constituía un gran triunfo en su carrera, algo que jamás olvidaría; asimismo reconoció que aquello no habría sido posible sin el apoyo incondicional de sus fans, por eso su concierto en el Lollapalooza era un tributo para ellos y para la ciudad de Chicago, a la que señaló amar más que a cualquier otra, incluso, anteponiéndola a su natal N.Y.

Creo que todos los que optamos por verla ese viernes quedamos con un buen sabor de boca, muchos nos hicimos un poquito mas fans, y los que ya lo eran confirmaron su devoción por la estrambótica cantante, y cómo no hacerlo, si la mujer se comportó como toda una profesional más que como una diva, muchos fans y críticos se rendindieron a sus pies con la humildad y sencillez que mostró en el escenario; por principio se puede decir que a la Gaga se le salieron las lagrimas al ver como su sueño de estar en el escenario principal se hacia realidad y al apreciar la enorme cantidad de gente ahí reunida para disfrutar su concierto –la gente congregada en el Parkways Stage hacía imposible que el más diminuto alfiler cupiera–, y todo pese a que los puristas y los peores detractores se oponían a esta situación. Su concierto empezó de manera puntual, cantó en vivo, duro poco más de dos horas, nunca dejó de bailar e interpretar sus composiciones con toda intensidad, ni de mantener un dialogo directo con el público, al que, además de entregarse por completo, se mostró sin tapujos, tal cual ese, desnudando su alma y mostrándose tanto vulnerable como poderosa, llena de defectos como cualquier otro ser humano pero con las grandes virtudes de un gran músico.

En contraposición, THE STROKES -según lo que pude indagar y lo que leí los días siguientes- empezaron treinta minutos tarde, su concierto duro menos de lo previsto, una hora a lo mucho (y según lo que escuché, ni siquiera eso, aunque parte de la prensa y algunos fans que a capa y espada los defienden, señalen lo contrario), hubo una escasa o una nula interacción con el público, y peor aún, no mostraron nada nuevo, máxime que para una ausencia de varios años de los escenarios, estos Neoyorquinos estaban comprometidos a demostrar que aún pueden mantenerse vigentes en un mercado que ellos mismos revolucionaron y que ahora puede quedarles demasiado grande; ciertamente rockeron tan bien como siempre, pero tampoco se puede negar que tuvieron una actitud más “diva” que Lady Gaga; si bien no podría emitir una opinión con conocimiento de causa respecto a qué tan buena o mala fue la presentación de The Strokes, puedo decir que si hubo algo que llamó mucho mi atención, es que durante aquel fin de semana nadie habló de ellos, todos los comentarios giraron en torno a las presentaciones de Lady Gaga, Arcade Fire, Phoenix, Green Day, MGMT, The XX, Jimmy Cliff, The Black Keys o The New Pornographers, por mencionar algunos, pero en verdad no recuerdo haber escuchado a nadie hablar sobre el concierto de THE STROKES; creo que antes de que Strokes iniciara su presentación, debieron recordarles que ese era el FESTIVAL LOLLAPALOOZA, y no una simple fiesta de fin de semana.

El sábado siguiente a las presentaciones en comento, los diarios y los comentarios que corría por todo el downtown de Chicago coincidía de manera unánime: Lollapalooza tenía una nueva Reina, LADY GAGA.

Aunque no tengo porque justificarme, y ciertamente esta no es una explicación, creo que sí era importante defender la “trascendencia” del concierto de Lady Gaga frente a muchos críticos, especialmente frente aquellos que no estuvieron ahí y que no tienen idea de lo que se vivió el pasado viernes seis de agosto (como ocurrió con los locutores de RMX, una estación de radio que respeto mucho, pero que creo cometieron una equivocación al criticar a la gente que asistió al concierto de Gaga, como si ellos tuviera la verdad absoluta o el conocimiento supremo para señalar a los demás, cuando, obviamente, estos locutores no pueden emitir un comentario certero sobre un concierto en el cual no estuvieron presentes, pues ellos estuvieron viendo los pocos minutos que duraron Strokes); la verdad no me arrepiento para nada de haber visto a Lady Gaga, y mejor dejémoslo en esto: quien no haya tenido un BAD ROMANCE, que tirare la primera piedra.

martes, 6 de octubre de 2009

SETLIST DE DEPECHE MODE EN EL FORO SOL, MÉXICO, D.F. (03/10/09)

SETLIST DE DEPECHE MODE EN EL FORO SOL, MÉXICO, D.F. (03/10/09)

La verdad es que hasta el día de hoy sigo sin palabras para poder describir completamente la espectacularidad del concierto, sin embargo, hay tres frases que he usado desde el sábado para expresar las increíbles sensaciones vividas aquella noche:

“Sublime, simplemente sublime”

“Depeche Mode me dejó como Santa Teresa… en éxtasis”

“Fletcher me pareció un genio sumido en las sombras,
ver bailar y escuchar cantar a Gahan me provocó un sinfín de sentimientos (algunos no muy decentes),
pero fue el maestro Gore quien se robo mi corazón”

En fin, en un par de días espero estar posteando la crónica de este maravilloso concierto, pero por lo pronto les dejo el setlist por si aún no lo han visto, y aunque me habría encantado escuchar Dream On y Free Love, al final, dicho setlist me pareció tan sensacional, que no extrañé la ausencia de las mencionadas rolas:


SETLIST

In Chains
Wrong
Hole To Feed
Walking In My Shoes
It's No Good
A Question Of Time
Precious
Fly On The Windscreen
Jezebel
Home
Miles Away
Policy Of Truth
In Your Room
I Feel You
Enjoy The Silence
Never Let Me Down Again

--- Primer Encore ---

Somebody
Stripped
Behind The Wheel

--- Segundo Encore ---

Personal Jesus
Waiting For The Night



viernes, 2 de octubre de 2009

lunes, 28 de septiembre de 2009

YA CASI ESCUCHO A DEPECHE MODE...

Próximo sabado tres de octubre, Foro Sol, y yo estaré ahí...



martes, 17 de marzo de 2009

SUBLIME INCONCIENCIA...


En un estado de sublime inconciencia tras haber escuchado a RADIOHEAD & KRAFTWERK...






...probablemente el mejor concierto de toda mi maldita vida.

sábado, 24 de mayo de 2008

EL DYLAN QUE ME TOCÓ CONOCER: IMPRESIONES SOBRE EL CONCIERTO DE LA LEYENDA, BOB DYLAN, EN MONTERREY EL 29 DE FEBRERO DE 2008

EL DYLAN QUE ME TOCÓ CONOCER: IMPRESIONES SOBRE EL CONCIERTO DE LA LEYENDA, BOB DYLAN, EN MONTERREY EL 29 DE FEBRERO DE 2008
El Dylan que me tocó conocer aquel viernes veintinueve de febrero en Monterrey, no era el mismo del que siempre he escuchado hablar: no conocí al cantautor nacido en Minnesota, mucho menos al joven ingenuo llegado a Nueva York, sin más camino que el de la prostitución para poder sobrevivir; no fue el mismo Dylan que enseñó a los Beatles a fumar mota, ni el que derrotó a Bjork en las nominaciones del Oscar; no fue el Dylan inspirado, lucido y elocuente, ni el Dylan preparado para desarmar al sistema con una melodía, por supuesto no fue el héroe del movimiento folk; no fue el Dylan ganador del Pulitzer y el Premio Príncipe de Asturias; no fue el poeta y ni siquiera el músico; el Dylan que me tocó conocer es el de la voz ya extinta y la efigie sombría, pero capaz de llenar con su sola presencia un escenario; el Dylan que me tocó conocer aquel día fue la leyenda viviente, el mito que camina por entre los hombres comunes e intrascendentes.

Bastantes semanas han pasado desde que tuve la oportunidad de ver a Bob Dylan en Monterrey, tantas que ya perdí la cuenta, más la experiencia y los sentimientos recogidos de aquella fecha me resultan aun incomprensibles; por principio la gira me tomó por sorpresa, recién llegaba yo al trabajo después de haber disfrutado mis muy merecidas vacaciones decembrinas, cuando al leer el periódico encontré una pequeña nota en la que se anunciaban las presentaciones de Dylan en el D.F., Monterrey y Guadalajara para el mes de febrero; mi primera reacción fue la de asistir sin importar el día y el lugar, pero así como prematuramente tomé aquella inamovible decisión, prontamente llegaron a mi mente algunas interrogantes: ¿En verdad quería ver a Bob Dylan o sólo quería asistir al concierto para alimentar mi ego, y presumir algún día que yo fui a verlo? La respuesta valida y correcta para ambas preguntas era si.

Lo cierto es que la música del maestro Bob Dylan me gusta mucho, aunque en un inicio honestamente la rechácese, ¿Por qué?, por estupido, por ingenuo, por ignorante, por que la voz Dylan me parecía horrible (aun hoy no termina de agradarme del todo), pero con el tiempo aprendí y presté más importancia al compositor y al músico que es, que al cantante que nunca ha sido. Fue en la Universidad cuando comencé a escucharlo, por la necesidad de encontrar canciones que no hablaran sólo de amor y despecho, sino canciones trascendentes que contuvieran respuestas elementales, respuesta que como bien dice el maestro, siempre están soplando en el viento pero nadie se atreve respirarlas.

Independientemente de que la música de Dylan me gusta, y por lo tanto para apreciarla y valorarla no era necesario ir a uno de sus conciertos, pues probablemente la voz de Bob sonaría mejor en mi Ipod que desde el escenario de la Arena Monterrey, su concierto en la ciudad regiomontana se me presentaba como la primera, la única y quizás la última oportunidad de ver a una leyenda viviente de la música, a una de las glorias más respetadas del “rock de la vieja escuela” en escena.

Una vez despejadas las dudas, la decisión de ver a Dylan quedó completamente afianzada, por lo que después de más de cuatro horas de viaje, mi amigo de andanzas Abraham y yo llegamos a Monterrey dispuestos a disfrutar aquel espectáculo; ya en Monterrey, pude confirmar que dicha ciudad no es muy distinta de Torreón, sólo que es menos contaminada (algunos días al año), pero más grande, peligrosa, caótica y con automovilistas aun más esquizofrénicos e imbeciles, inclusive que los de la Ciudad de México (aunque parezca difícil de creer).

La Arena Monterrey tampoco me pareció nada sorprendente, si bien es una construcción moderna, tecnológicamente avanzada, bastante amplia y por demás cómoda, la verdad me pareció un edificio bastante “frío” y “carente de vida”, vaya, el lugar no es nada impactante y significativo, pero comparado con “Coliseo del Centenario” de Torreón, la mentada Arena resulta ser la octava maravilla del mundo.

Ya instalado en mi asiento y dispuesto a escuchar la música de Dylan, como me ocurre en todo concierto, perdí por completo la noción del tiempo, no se si éste empezó de manera puntual o con un pequeño retraso; el show comenzó sin anuncio previó, bastó que las luces se apagaran para que de manera pausada y tranquila la banda de Bob Dylan subiera al escenario, y así como ellos se presentaron sin bombo y platillos, el poeta Norteamericano subió y empezó a tocar.

Las rolas comenzaron a sonar de una manera fluida y elegante, la banda de Dylan, integrada por maestros hábiles y experimentados, interpretaron aquellas melodías de una manera tan brillante que terminaron por convertirse en las verdaderas estrellas de la noche; sin embargo, como cualquier sinfónica u orquesta que requiere de un director que les marque el camino a seguir, Dylan fue el hilo conductor por medió del cual fluyó la música interpretada por aquella banda, pues a final de cuentas el era el compositor de esos sonidos.

El concierto de Bob Dylan dio un repaso de sus últimos materiales discográficos, sobretodo al “MODERN TIMES” del que se desprende “Spirit On The Water”, rola con la que en mi caso llegó el clímax del concierto; Dylan se reservó para el final, como era de esperarse, sus canciones emblemáticas: “Like A Rollign Stone” y “Blowin’ In The Wind”, ésta última junto con “Thunder On The Mountain” integró el encore ideado por Dylan para ese concierto, el cual quedó sellado con una ovación de pie para el maestro.

Tan pronto Bob Dylan abandonó el escenario, el público comenzó a desalojar la Arena Monterrey por las diversas puertas de acceso; recuerdo que de entre aquella muchedumbre extasiada, hambrienta, alcoholizada o con ganas de ir al baño, se escuchó la voz de un chico que caminaba a contra corriente de aquel mar de personas, no alcance a verlo, pero como todos los que intentábamos salir por el acceso “O” de ese lugar, escuche claramente como aquel niñato alzo la voz y dijo: “Pésima selección de canciones”, comentario que en lugar de enfadar a los que lo rodeaban provocó las risas de quienes lo escucharon, pues obviamente no a todos nos había tocado ver al mismo Dylan sobre el escenario de aquella Arena Monterrey.