





…Amé esas sandalias.






…Amé esas sandalias.




Porque antes de existir una Lagerfeld o un Marc Jacobs, ya existía un Emperador llamado Valentino. ...I love beauty, It's not my fault.
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la Casa Dior, si se compara por ejemplo con el J'adore, que en una mujer madura resulta ideal, pero que en una jovencita la hará oler a “señora” (y eso lo tengo plenamente comprobado con una amiga que lo recibió de regalo de su novio, a penas tiene 23, y en mi opinión huele a señora); pero volviendo al tema, Sofía Coppola ha sido elegida por la compañía para dirigir la nueva publicidad del perfume en cuestión; el comercial de Sofia refleja las características de jovialidad, frescura y marcada feminidad que posee el perfume, agregándole además un toque muy parisino, propio de Dior, uno de los grandes pilares de la moda en Francia.
Algo que nuevamente hay que aplaudirle a Sofía es su buen tino para la elección musical, l
ógicamente derivado de su excelente gusto en este rubro y su gran bagaje cultural; en esta ocasión la directora no se fue por lo que bien sería una elección obvia en ella, al poder recurrir a alguno de sus amigos como Air, Dustin O'Halloran, o alguna banda poco conocida pero particularmente buena como The Radio Dept., o una de “culto” en vías de reencuentro como My Bloody Valentine; sino que por el contrario, Sofía Coppola selecciona un tema interpretado por Brigitte Bardot, la reina de los sueños húmedos de cientos de adolescentes, bueno, de muchos hombres en general, durante la década de los sesentas; “Moi Je Joue” es la melodía interpretada por la ahora defensora de los derechos de los animales, que amalgamada con la belleza de Maryna Linchuk, la modelo que protagoniza el comercial, las hermosas locaciones en el río Sena, los Champs Elysees, la “Place de la Concorde” y otros sitios de Paris, junto a la brillante dirección de Sofia, hacen que se olvide por completo las carencias interpretativas de la Bardot, y por el contrario, su voz parezca linda y carismática.
En resumen, el nuevo comercial dirigido por Sofia Coppola para Miss Dior Chérie es muy juvenil, muy radiante, muy chic, muy femenino, muy francés, todo lo que podríamos esperar de esta directora -y que a los fans en especial nos encanta-, y todo lo que una chica puede espera de su perfume.
Miss Dior Chérie por Sofia Coppola
(Versión Extendida)

res relacionados con ella, lo cual no significa que no me interese o me desagrade (aunque ciertamente hay bastantes cosas en esa industria con las que jamás podré estar de acuerdo), sin embargo, como amante de la historia y la cultura en general, la genialidad de Yves Saint Laurent es digna de ser reconocida, admirada y respetada, por lo que desde que vi un documental sobre su vida, Yves se convirtió para mi en un guru espiritual al cual reverenciar.
Yves Saint Laurent fue parte de una época en que la industria de la moda era algo más que ganancias descomunales, modelos anoréxicas y soberbias, consumidores incultos, superficiales y fácilmente impresionables; una época en que la moda era el instrumento adecuado para hacer declaraciones políticas y manifiestos de libertad
mostrarles una nueva manera de ver la vida a través de la ropa; Saint Laurent las liberó de las ataduras de los corsets y los vestidos que las convirtieran en meros objetos sexuales, o bien las redujeran a simples muñecas decorativas; él las dotó de sacos y pantalones monocromáticos ajustados a su figura, para con ello declararle al mundo y dejar constancia de que las mujeres eran iguales a los hombres.



La “VANITY FAIR” definitivamente no es una de mis revistas de cabecera (ni hablar de la edición mexicana que carece de la calidad de la versión original publicada en E.U.A.),
aunque la verdad a veces me detengo a darle una leidita o admirar las maravillosas portadas y fotografías interiores de ésta publicación, y otras parecidas como la “VOGUE” y la “HARPER'S BAZAR”, en los puestos de revistas, pues suelen contratar a los mejores fotógrafos del mundo o incluso tener las mejores “plumas”, como en el caso de la Harper’s que ha tenido entre sus filas a escritores de la talla de Truman Capote.

AMY POEHLER, SOSTENIENDO EL ANIMAL
TINA FEY Y SARAH SILVERMAN MOSTRANDO SU COMICA PECHONALIDAD




Wears Prada”, dirigida por David Frankel, probablemente sea porque no es una película profunda y complicada, sino todo lo contrario, resulta un comedia fácilmente digerible, que si bien trasciende más allá de lo que se podría definir como una “película dominguera” para convertirse en una película entrañable, tampoco llega a considerarse una obra maestra o una renovación del genero.
mucho intelecto, la juventud y poca experiencia de Andy le brindan pocas oportunidades para salir adelante, pero de pronto aparece frente a sus narices el trabajo por el que millones de chicas en el mundo matarían: trabajar como asistente de Miranda Priestly, la legendaria editora de la revista “Runway”, la publicación de modas más importante del orbe; trabajar para ella durante un año le permitiría a Andrea obtener el trabajo de periodista que tanto ha deseado.
la tintorería, preparar su comida, hacer sus compras personales, hacer la tarea de sus hijas, aprender los nombres de todos los invitados de una fiesta para que le ayude a recordarle quienes son estos y hasta conseguir el manuscrito no publicado del último tomo de Harry Potter. Para colmo, Emily no la ayuda para nada, al contrario, se burla de ella cada que hay oportunidad y le asigna aun más tareas de las que ya tiene.
La película es graciosa, y aunque si bien no consigue sacar carcajadas, si deja una sonrisa en los labios de quien la ve; el problema con “The Devil Wears Prada” es el discurso moral que hay detrás de ella, un discurso que al final no resulta nada creíble, por un lado el filme de Frankel pretende hacer una critica fuerte al mundo de la moda a través de la sátira, objetivo que se pierde por completo cuando el director también pretende honrar este universo fashion que genera miles de millones de dólares y euros al año, por lo que al final la película no resulta ser tan critica; por otro lado, llega un momento casi al final de la película que ésta se torna forzada y un poco desconectada, probablemente porque al director se le acababa el tiempo para llegar al desenlace y busca desesperadamente una forma sencilla de llegar al final, esto sucede cuando los amigos y el novio de Andy cuestionan su cambio de imagen y su exagerada entrega al trabajo, discurso moralino que tampoco resulta nada creíble, ya que en pocas escenas y de una forma muy desafortunada, la guionista pretende plantear un problema que requería un poco más de tiempo o por lo menos una forma más ingeniosa de resolverlo.
Lauren Weisberger, es el discurso que ofrece sobre la relación jefe-empleado, el cual no es capaza de desarrollar la Weisberger en su novela, ya que mientras que en la película se explica de manera clara y concisa cómo Andy desea conseguir la aprobación de su jefa, con todo y que ésta es una perra, y en el camino logra superarse, aprender de sus errores y tomar lo mejor de Miranda para ella misma, en la novela la escritora desahoga las frustraciones, traumas y resentimientos adquiridos de su experiencia como empleada de Anna Wintour, la mítica editora de la revista Vogue, contándonos una historia muy personal, casi biográfica, que en este aspecto resulta un poco subjetiva, por lo que no muestra al lector las dos caras de la moneda como si lo hace la película, es decir, lo bueno y lo malo que puede tener un superior jerárquico.
inclusive adaptamos algo de su personalidad a la nuestra, como la ocurre a Emily y Andrea con Miranda. Mientras que en el libro Miranda Priestly es una bruja de principio a fin de la novela sin razón alguna, en la película la maldad de la villana tiene una razón de ser que la hace más verosímil, esto queda patente con la reivindicación que se hace al final de la cinta del personaje que interpreta Meryl Streep, cuando Miranda ayuda a Andrea a conseguir trabajo y le dedica un pequeña sonrisa desde su automóvil sin que Andy la vea, lo anterior nos explica de manera inteligente que Miranda no es mala nada más por que sí, es mala porque las circunstancias de su vida, sus responsabilidades y el estrés la obligan a ser de esa forma, Miranda es un mujer profesional luchando en un mundo dispuesto a tragarla si se deja, y la única manera de enfrentarlo es siendo mala, aunque la verdad, a ella le encanta ser una maldita.
Vogue en su edición norteamericana, una de las figuras mas temidas del mundo de la moda (Mas datos en la próxima entrega).

hace a Miranda, casi no viste de Prada en la cinta, una de la pocas cosas que uso de esta marca fue la bolsa blanca que aparece casi al inicio, cuando Miranda llega al edificio de Elias Clarke para entrevistar a Andy.